Filosofía alemana Refinada, pero muy cautelosa

Markus Gabriel | Foto (detalle): © Gerald von Foris
Foto (detalle): © Gerald von Foris

En todo el mundo esta resurgiendo un interés por la filosofía alemana, dice Markus Gabriel, catedrático de la Universidad de Bonn y fundador del Nuevo Realismo. Entre los pensadores alemanes, sin embargo, podría haber más valor para debatir.

El semanario Die Zeit escribió alguna vez que usted quería hacer de la filosofía alemana la filosofía líder en el mercado mundial. ¿Cómo le está yendo?

Me está yendo bien. A mi entender, en la filosofía alemana hay tres vetas grandes y visibles que juegan un papel internacional. En primer lugar la Escuela de Frankfurt como filosofía política o práctica. Después mi programa, el Nuevo Realismo, que ha provocado que en todo el mundo haya debates sobre el retorno de la filosofía alemana. Ahora hay redes en los Estados Unidos y recientemente han surgido lazos con Francia. La tercera veta son los proyectos de continuación del Idealismo Alemán, que hoy suele llamarse “filosofía clásica alemana”. Esos intentos de continuación tienen representantes sobre todo en Leipzig, Heidelberg y, hasta cierto punto, también en Múnich.

En su libro Sinn und Existenz (Sentido y existencia), de 2016, se opone a clasificar la filosofía según escuelas.

En realidad, la filosofía como ciencia es universal, sólo hay argumentos y reflexiones. Por otro lado, aquellos que toman la palabra vienen de algún lado. Hay dos usos legítimos del concepto de “filosofía alemana”. En un primer sentido puede ser la que producen personas que hablan y escriben en alemán. En otro, puede ser la que ponen en práctica los ciudadanos alemanes. A menudo son una misma cosa, pero no tiene por qué ser así. Después hay un tercer sentido y con éste hay que ser cauteloso. En este caso “filosofía alemana” se refiere a cierta tradición. El culto de esa tradición tiene, en lo esencial, su punto de partida en Kant. Ese es el sentido en el que yo practico la “filosofía alemana”.

Textos largos formulados con mucho detenimiento

En ese sentido también hay una “tradición filosófica alemana”. ¿Qué se valora de ella internacionalmente?

Esta tradición tiene construcciones teóricas especialmente refinadas, ambiciosas. Supone, además, que para que un enunciado acierte con la realidad, ha de tenerse en cuenta el lugar desde donde se habla. En Immanuel Kant esto se llama reflexión. El hecho de mirar en dos direcciones –lo real y a la vez la posibilidad de conocerlo–, esa posición doble es, creo, característica de la filosofía alemana.

Usted afirma que en los países angloparlantes hay una Nueva Ilustración. ¿Por qué justamente allí?

En Alemania primero hay que interpretar textos muy largos y después hacer formulaciones muy cautelosas. Los defensores de la Nueva Ilustración en los Estados Unidos dicen: “¡Pienso que es así y así, y mis razones son éstas!” Eso es lo que Kant entiende por Ilustración: el valor de utilizar el propio entendimiento sin la guía de nadie. Así como lo hicieron Platón, Aristóteles o Georg Friedrich Wilhelm Hegel, ahora John Searle, Thomas Nagel o Judith Butler se plantan y dicen: “Es así”. Después discuten con los que piensan distinto.

La diferencia, pues, está en la forma de argumentar.

Exactamente. Esa forma de filosofar la aprendí en los Estados Unidos. Si uno combina la cultura de debate anglosajona con las ambiciosas alturas del idealismo alemán, se obtiene algo nuevo. Desde su escritorio, los idealistas alemanes pronunciaban su verdad como oráculos. Y los oráculos no tienen que ver con la Ilustración.

En los Estados Unidos: obtener mayor claridad con café de por medio

Usted escribió Sinn und Existenz en los Estados Unidos. ¿En qué se diferencian las condiciones de trabajo allí de las de Alemania?

Los filósofos y las filósofas que conocí en las universidades estadounidenses tienen menos compromisos docentes y no tienen otros ingresos. Tienen su salario y una oficina. Alexander von Humboldt dijo que los eruditos necesitan soledad y libertad. Los colegas de los Estados Unidos tienen las dos cosas. Y si uno no puede avanzar con un argumento, llama a la puerta de algún colega y pide ayuda. Por la tarde se encuentran, café de por medio, y discuten hasta por lo menos obtener mayor claridad.

Usted escribió el libro en inglés, ¿qué papel juega el idioma en la actividad filosófica?

Representa una diferencia gigantesca. Yo pienso por lo menos la mitad del tiempo en inglés. Y en inglés el pensamiento tiene que ser claro. Los filósofos norteamericanos siempre parten de la base de que el pensamiento es una estructura abstracta para la cual pueden encontrarse diferentes palabras.

¿Cómo ven los filósofos del mundo la actividad universitaria alemana?

John Searle dice que no conoce ningún otro país en el mundo donde haya más interesados por la filosofía, pero también ningún país donde sea tan poca la gente que piensa por sí misma. Tenemos que volver a poder competir de igual a igual con nuestros colegas de los Estados Unidos discutiendo con ellos y no limitándonos a repetir su filosofía.