Colectivo Causa Arte callejero en el barrio Yungay

No cabe duda que cada barrio genera su propia identidad e historia. Además, el desarrollo y la participación ciudadana (sea ésta activa o no) imprimen un sello en lo que respecta a su entorno. En relación a esto, uno de los barrios del centro de Santiago se ha convertido en referente indudable a la hora de hablar de un lugar con un carácter particular y reconocible: el barrio Yungay.

En el barrio Yungay, el más antiguo de Santiago, es visible una arquitectura colonial y patrimonial, que cada día se entremezcla con la modernidad de las nuevas construcciones, con su plaza conocida popularmente como la “Plaza del roto chileno”, epicentro de juntas, cuecas, perros de paseo e indigentes. En este barrio se celebra la Fiesta de la primavera, pero también la Fiesta del roto chileno, con aires que recuerdan al puerto de Valparaíso. Es también en los rincones de este barrio donde encontramos graffitis, murales y otras variantes del arte callejero.

Es posible que no todos los visitantes del barrio se maravillen ante la expresividad de los muros, pero quien se encuentre en él le será imposible pasar por alto la cantidad de “obras” que en el soporte callejero se pueden encontrar. En cada calle hay muros y en muchos muros un gesto. Esta intervención creativa parece ser un lema en un sector de Santiago que es cada vez más rentable para las inmobiliarias. El barrio Yungay se mantiene vivo haciendo la resistencia por medio de su gente, y por lo llamativo de su paisaje cultural y visual.
Si hiciéramos un recorrido por los muros de Yungay, tendríamos al menos tres lineamientos claros que orientarían nuestras visitas: los cuestionamientos y aportes a la estética callejera, el tema indígena y las problemáticas políticas. Sin embargo, estos no son los únicos puntos de vista.

La estética, sus aportes y cuestionamientos

Los artistas urbanos y graffiteros llevan a los muros sus interrogantes e investigaciones respecto a lo que es válido o no como manifestación creativa, tanto a nivel visual como moral. Para los artistas callejeros, si su obra genera rechazo o aceptación no tiene mayor relevancia, pues es el resultado de una investigación o de una serie de ejercicios que se quieren llevar a un punto más allá del papel, validando el cuestionamiento del artista Banksy: “Muchas personas consideran un delito allanar una propiedad privada y pintarla. Pero, en realidad, equipos de expertos en marketing invaden los treinta centímetros cuadrados de nuestro cerebro cada día de nuestras vidas.” Siguiendo estas ideas, nos encontraremos con trabajos como los de Hipso, Cub2, Yalus, Tenam, Henruz, Koshayuyo, Teas, Piguan, Pium, Sofrenia, Brigada Negotrópika, Alterna, Nebs Pereira, Luna Lee, Piri le Mat, Rnst, entre otros. Algunos representantes han sido influenciados por las artes visuales o el diseño gráfico. Otros son completamente autodidactas, pero con finalidades conjuntas. Se trata de hacer aportes propios y colectivos a las propuestas visuales de la calle, donde por medio de las formas, los rayados, el graffiti, los colores, las palabras, las imágenes y cuanto gesto exista en un muro, el tránsito por el barrio cobre vida.

El lineamiento “latinoamericanista”

Distintos artistas callejeros citan, muestran o crean murales a partir de referencias estéticas y sociales presentes en las diversas realidades de América Latina, enfatizando con ello la multiculturalidad presente en el sector, como en el caso de Vida Ingravita. Asimismo, se hace visible la historia de nuestros pueblos en intervenciones que rescatan la iconografía, cosmovisión, objetos y cultura precolombina, presentes en trabajos como los de Estoy, Santana, Sebad, Hozeh, Los Oberoles, Sofrenia o Henruz.

Una acción de denuncia

Aquí nos encontraremos con visiones “revolucionarias”, el conflicto mapuche, la educación, el anarquismo, la crítica a los transgénicos de Monsanto, los asesinatos por motivaciones políticas, como el caso de Víctor Jara o Jecar Nehgme –asesinado en este barrio a tiros por la espalda–, u otros caídos en la lucha por sus ideales –como el Punky Mauri, a quien se le dedican murales a lo largo de una cuadra. El colectivo 12 Brillos Crew está comprometidos con causas de este tipo, así como también la brigada Negotrópika, La Brigada Ramona Parra, Mono González, por nombrar algunos. Todo este trayecto puede ser acompañado por “Bicitur Yungay”, quienes a cambio de un aporte voluntario facilitan bicicletas a los visitantes para hacer recorridos guiados por los muros pintados del barrio. Con el dinero recaudado colaboran en la creación de nuevos murales. El recorrido nunca será completo, puesto que cada semana puede surgir una nueva intervención, o pueden haber modificaciones y actualizaciones, siempre con la idea de aportar a la cultura visual e identidad de este histórico y popular barrio de nuestra capital.