Colonos alemanes en Chile Orígenes y presente

​El establecimiento de numerosos alemanes, austríacos y suizos en Chile en el siglo XIX suele resumirse bajo los términos “colonia alemana” o “colonias alemanas”. Esto tiene sus razones históricas, ya que al menos hasta el siglo XX a todas las personas de habla alemana se las consideraba pertenecientes a la nación germana.

Si bien fueron muchos más los alemanes que emigraron a Argentina o Brasil, en Chile ejercieron una influencia cultural mucho más duradera. Alrededor de quinientos mil chilenos descienden de los alemanes que llegaron en diferentes olas migratorias (a partir de 1848, en 1883, en 1933 y después de 1945). Sin embargo, sólo entre veinte y cuarenta mil dominan hoy el alemán como lengua materna.

Chile crea las condiciones

Todo comenzó con la ley de inmigración selectiva, con la que el joven estado chileno quiso poblar en 1845 los solitarios territorios en el llamado Sur Chico, en la frontera con el territorio mapuche. Inmigración selectiva significaba que quienes se postulaban como pobladores debían ser católicos y poseer educación media o superior.

¿Por qué alemanes?

Hacia mediados del siglo XIX, para poder reclutar pobladores en Europa (sólo allí se podía encontrar el perfil requerido) se necesitaban contactos. El gobierno chileno encontró ese contacto en Bernhard Philippi, un naturalista alemán que había viajado varias veces por Chile (en 1883, 1837 y 1841) y había visto con sus propios ojos los parajes inhabitados cercanos a la ciudad de Valdivia y el lago Llanquihue.

Origen y razones de los emigrantes

Los alemanes emigraron por diversas razones. En primer lugar, el fracaso de la revolución de 1848/1849, que tuvo como fin la unificación de la nación alemana bajo el rey de Prusia, pero que también buscaba imponer el liberalismo. Sobre todo los intelectuales se vieron forzados a abandonar Alemania, que no existiría como estado unificado o imperio hasta 1870/1871. Otros emigraron por motivos económicos. Las malas cosechas habían arruinado a muchos campesinos y la incipiente industrialización llevó a masivos desplazamientos hacia las ciudades. Esto a su vez fue la base del proletariado descrito por Marx y Engels. Rara vez emigraron por motivos religiosos, ya que en muchas ciudades alemanas imperaba la libertad religiosa.

Establecimiento en Chile

El establecimiento de estos primeros colonos alemanes se produjo principalmente en dos regiones, cuyas diferentes características dividieron a los inmigrantes en dos grupos. Los que se instalaron en los territorios alrededor de Valdivia y entre Osorno y La Unión se dedicaron esencialmente al comercio,contribuyendo de este modo a darle impulso a estas ciudades. En Valdivia, Carl Anwandter fundó en 1851 la primera fábrica de cerveza, en 1852 el grupo de bomberos voluntarios Germania y en 1858 la primera escuela alemana.

El segundo grupo estaba constituido principalmente por campesinos, que se afincaron alrededor del lago Llanquihue, un territorio hasta entonces completamente inexplorado. A menudo resultó difícil o incluso imposible llegar a las tierras que el gobierno había ofrecido a los pobladores, de modo que los primeros años fueron muy duros, algo que expresan numerosos escritos de los colonos. A diferencia del primer grupo, que se estableció en territorios ya poblados, éstos debieron crear su mundo prácticamente a partir de la nada. Sin embargo, lo hicieron con mucho éxito y en la década siguiente fundaron las ciudades de Puerto Montt (1852), Puerto Varas (1853) y Frutillar (1856). Desde 1984 existe en esta última ciudad el Museo Colonial Alemán, un lugar al aire libre dedicado a las colonias alemanas.

Evolución y presente

El número de alemanes que emigraron al sur de Chile entre 1840 y 1870 puede estimarse en cuatro mil (un cuarenta por ciento de ellos se estableció en la zona del lago Llanquihue). Aunque no vivían aislados de los chilenos, se mezclaban muy poco con ellos. Motivos culturales y sobre todo religiosos dificultaron mucho los matrimonios mixtos. Dado que los obispos alemanes no habían aprobado la migración a Chile, en contra de los planes originales se reclutaron casi exclusivamente a protestantes. Los pocos católicos que emigraron se asimilaron ya en el siglo XIX, mientras la endogamia de los alemanes protestantes se mantuvo hasta ya entrado el siglo XX. Sólo en los últimos años ha aumento decisivamente el número de matrimonios mixtos, gracias a la menor importancia de la religión en la vida pública. Esto a su vez hizo que entre los descendientes de los colonos se redujera velozmente el número de aquellos que tienen el alemán como lengua materna. “Ninguno de mis tíos, tías o primos habla alemán, yo lo aprendí porque desde hace tres años vivo en Alemania”, dice Beatriz Klein, cuyos antepasados llegaron a Chile en la segunda mitad del siglo XIX. No es un caso aislado, según ella misma explica: “Casi ninguno de los descendientes de alemanes que conozco habla alemán.”

De todos modos, la influencia de los alemanes en el sur de Chile aún es grande y notoria. La arquitectura y la gastronomía exhiben una fuerte tradición alemana. Las tortas alemanas, el strudel y el chucrut se ven a menudo en las mesas. Además, se siguen cultivando diversas tradiciones y celebrando fiestas alemanas, en especial las relacionadas con la cerveza. Se valora mucho el origen alemán, según explica Beatriz Klein: “Somos muy conscientes de nuestro origen, para nosotros es muy importante.” Una descripción parecida hace Consuelo Heuser, en cuya familia ya nadie habla alemán como lengua materna: “Tenemos muy presentes a nuestros ancestros alemanes. Sabemos de dónde venían y tenemos muchas fotos de ellos”. En todo Chile hay escuelas y asociaciones alemanas, como así también grupos de bomberos voluntarios alemanes. Sin embargo, todo esto no evitó que la mayoría de los descendientes haya perdido el alemán como lengua materna. Esto también puede percibirse con claridad en el hecho de que el folklore alemán y las prácticas conmemorativas se den principalmente en español.

Conclusión

En general puede decirse que la inmigración alemana ha dejado una marca duradera en el sur de Chile, y que esta influencia persiste hasta el día de hoy. Se considera muy importante la procedencia alemana y se le da valor a respetar las fiestas y tradiciones germanas. La pérdida de la lengua alemana en la gran mayoría de los descendientes no modificó esta postura y “lo alemán” tiene lugar en castellano.