Formación de equipos multidisciplinarios El auge de la economía creativa en Chile

Desde este año, las industrias culturales y creativas formarán parte de una política pública nacional. Gestores culturales y artistas en general trabajan en conjunto con emprendedores, ingenieros, diseñadores, informáticos o expertos en marketing. La economía creativa consiste precisamente en la fusión de industrias y la formación de equipos multidisciplinarios y colaborativos.

Según cifras oficiales, se estima que en la actualidad la industria creativa chilena representa cerca del 1,6% del producto bruto interno nacional, una cifra baja si se compara con otros países. La realidad de la industria creativa en Chile parece estar mutando y podrían producirse importantes cambios en los próximos años, especialmente en materia de políticas públicas. Uno de los principales íconos de la economía creativa en Chile es Santiago Creativo, proyecto que inició sus estudios en 2009 y que actualmente se centra en la exportación de bienes y servicios creativos. El éxito de esta iniciativa de Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) posibilitó que esta misma institución impulsara un programa de Ciudades creativas en importantes zonas del país, tales como Valparaíso, Concepción o Valdivia.

El programa consiste en generar un ecosistema en torno a la industria creativa local, fortalecer la difusión y coordinación de los esfuerzos público-privados, y el apoyo para la implementación de políticas públicas para el crecimiento de la economía creativa local.

Para el gerente de Santiago Creativo, Leonardo Ordóñez, cuando se trata de creatividad “no sólo estamos hablando del mundo del arte y la cultura, sino también de la ciencia y la tecnología”. Asimismo, sostiene que “la economía creativa se entiende como aquel sector que, junto con producir bienes y servicios creativos, tiene la posibilidad de mejorar la calidad de vida de la población, favorecer la inclusión social y el desarrollo humano de un territorio.”

En el universo de la economía creativa chilena destacan, entre otras, las iniciativas La Tienda Nacional, Button y Cirugía. La primera, ubicada en el barrio Bellas Artes de Santiago, tiene una oferta exclusiva de libros, música, películas, juguetes y artículos de diseño producidos en Chile. En el caso de Button, su rubro es el mundo de los botones: los hay bordados, con texturas y con una buena variedad de diseños. Las socias de esta empresa, Dominique Serrano y Patricia Vogel, los comercializan en diferentes tiendas a nivel nacional e incluso hacen envíos al extranjero. Por último, Cirugía es un estudio de animación especializado en la realización de bocetos animados, los cuales permiten hacer evaluaciones de ideas publicitarias.

El desafío que viene y las miradas alternativas

En 2013, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó el libro de Iván Duque y Felipe Buitrago La Economía Naranja: una oportunidad infinita, en el que se define a la economía creativa como “Economía Naranja”. En una conversación que tuvimos con Iván Duque–actual senador de Bogotá y ex jefe de la División de Cultura, Creatividad y Solidaridad del BID–el parlamentario subraya que el documento se ha transformado “en un instrumento para diseñar políticas públicas en varios países. El libro ha sido consultado en Paraguay, Uruguay y Chile. En Puerto Rico también se diseñó una política basada en la Economía Naranja y hoy el término se utiliza para referirse a casi todas las industrias creativas.”

Con relación a la importancia de la Economía Naranja para Latinoamérica y el Caribe, Felipe Buitrago considera que el documento es fundamental, porque en los próximos veinticinco años se automatizarán entre el veinticinco y el cincuenta por ciento de los puestos de trabajo en la región y habrá un mayor número de trabajadores en edad laboral. Por ello, y como Latinoamérica ya está muy urbanizada y relativamente industrializada, “vamos a tener que ser muy creativos y la buena noticia es que lo somos”. El profesional colombiano agrega que “tenemos una oportunidad infinita en la creatividad de nuestros jóvenes, nuestro patrimonio cultural y las herramientas de la Economía Naranja.”

La Economía Naranja ha logrado una buena sintonía en tierras chilenas. Sin embargo, también hay miradas diferentes. Francisca Keller, encargada del Núcleo de Creatividad de la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso) afirma que “respecto a la visión de las políticas públicas, lo que está haciendo la universidad es entregar, desde la academia, una visión crítica y analítica sobre qué son las industrias creativas y cómo pueden definirse. Hacemos una definición distinta de lo que emerge de la Economía Naranja o del BID.” Para Keller, uno de los puntos en los que no hay concordancia radica en que las prácticas artísticas necesariamente “deban contener un modelo de negocio o comercializarse”, poniendo hincapié en que “nosotros entendemos a las industrias creativas y culturales como agentes de cambio, que hacen un aporte en la construcción de la identidad cultural, además de regenerar el tejido social y cohesionarlo culturalmente.”

El comienzo de una política pública

Como parte de su programa de gobierno, Michelle Bachelet –la actual presidenta de Chile– decretó la creación del Comité Interministerial de Fomento para la Economía Creativa de Chile, liderado por el Consejo de la Cultura y las Artes. La instancia tiene como principal misión la creación de un plan nacional sobre la materia. Actualmente esta planificación se encuentra “en la fase final del diseño de contenidos”, comenta Leonardo Ordóñez, que además de liderar Santiago Creativo es el secretario ejecutivo de este comité gubernamental. “Si nos demoramos quince años con el sector audiovisual para que existiera como sector y lograr un posicionamiento internacional, yo creo que en el tema de la economía creativa se necesitarán por lo menos diez años para tener resultados concretos”, asegura Ordóñez.