Violencia de clase al descubierto Arquitectura contemporánea


Las casas particulares y las ciudades brasileñas reproducen de modo “naturalizado” o “inocente” la violencia contra los trabajadores domésticos.

“La profesión de empleada doméstica debería desaparecer, porque es un resabio de la esclavitud”, argumenta Joyce Fernandes, de 31 años, historiadora y rapera –ella misma también ex empleada doméstica–, quien hace un mes lanzó en Facebook la campaña Yo, empleada doméstica. La página, que desde entonces aumentó en miles los seguidores, contiene relatos –la mayoría anónimos– de casos de abusos sufridos en el trabajo. Son casos narrados por las protagonistas o personas próximas a ellas, la mayoría de las veces, sus hijos. En los relatos, a las empleadas no se les permite tocar las frutas, el jabón o los cepillos de dientes ni abrir el refrigerador de la familia ni tampoco beber jugos o gaseosas: “Ustedes pueden comer sólo lo que está en el refrigerador de afuera”.

Una de la ex empleadas habla del día “más humillante de su vida”: cuando tuvo que asistir a un casamiento de la familia con uniforme de niñera “Además de la novia, únicamente yo estaba vestida de blanco, para dejar bien en claro a los presentes que no era una invitada”, recuerda. El caso que tuvo más repercusión en la página lo cuenta el hijo de la protagonista: la madre, con 76 años, tuvo que subir varios pisos por la escalera porque el ascensor de servicio del edificio donde trabajaba estaba roto. Hoy está prohibida la discriminación en el uso de los ascensores.

La arquitectura “naturaliza” la discriminación

Hasta cierto punto veladas, las formas de violencia contra las empleadas domésticas (siempre mujeres y en muchos casos mujeres negras) pueden variar pero poseen una característica común: la segregación. “¿Acaso decir ‘uso común’ y ‘de servicio’ no quiere decir que las trabajadoras no forman parte de la comunidad, de la sociedad?”, cuestiona Fernando Luiz Lara, arquitecto, profesor de la Universidad de Texas y especialista en el tema. Para Lara, como la arquitectura y el urbanismo están adecuados por completo a la vida cotidiana del país, reproducen formas más naturalizadas o “inocentes” de discriminación.

Sería engañoso, sin embargo, pensar que la segregación en la arquitectura brasileña es exclusividad del ascensor de servicio… o del tan discutido cuarto de la empleada. Lara recuerda otro ejemplo que se da en los edificios: la puerta de servicio. “Hasta en apartamentos de dos cuartos todavía se proyectan dos puertas: una con acabados en madera laminada, que da a la sala; otra, pintada de color beige, que da a la cocina. Las dos comunican el apartamento con el mismo pasillo. “‘¿Cuál es la función de esa segunda puerta?’, le pregunto a la gente y nadie me sabe explicar”, dice el investigador. “Estoy absolutamente convencido de que la puerta de servicio es un resabio de la relación entre la ‘casa grande’, la casa del patrón, y la barraca de esclavos.”

La supervivencia de la “casa grande”

En una extensa investigación sobre la arquitectura brasilera, Lara notó que algunos patrones de la antigua “casa grande” se reproducen en los apartamentos modernos y contemporáneos. Al analizar el Parque Guinle, un complejo de edificios residenciales de Río de Janeiro diseñado por Lúcio Costa a finales de los años cuarenta, concluyó que los apartamentos reproducen en cada piso la espacialidad tradicional de la casa brasileña. “Por un lado, el eje social: sala, pasillo, habitaciones, baños. Por otro, el eje de servicios: cocina, área de limpieza y cuarto de la empleada. A propósito, los departamentos de Guinle no tienen uno sino dos cuartos de servicio.”

El modelo se impuso en Brasil e incluso fue importado a algunas zonas de Miami por grupos inmobiliarios que venden apartamentos a brasileños como un “elemento que diferencia la propiedad ofrecida”. El bloguero Leonardo Sakamoto ironiza: “En vez de abolirlo, Brasil está exportando el cuarto de la empleada”.

Avances y retrocesos

En el país, la discusión de los últimos cinco años sobre los derechos laborales y las formas de la violencia contra las empleadas domésticas no es sólo un tema de noticieros sino también de películas, investigaciones académicas y agenda legislativa. A partir de 2013 se aprobaron algunas enmiendas constitucionales para garantizar derechos hasta entonces negados a las empleadas, como el adicional nocturno, el seguro de desempleo y la obligatoriedad del pago al Fondo de Garantía de Tiempo de Servicio por parte del empleador. Estas medidas movilizaron a diversos sectores de la sociedad incluyendo a grupos que se oponían a ellas.

Por otro lado, algunas noticias nos recuerdan que seguimos viviendo en el siglo XIX. Recientemente, los propietarios de un edificio aprobaron el uso de distintivos con el nombre para las empleadas domésticas. La medida ayuda a “garantizar la seguridad en el establecimiento”, señala el administrador. Al analizar todo el contexto que rodea estas sutiles violencias ejercidas contra los trabajadores domésticos, el investigador Fernando Luiz concluye: “Resulta impresionante ver cómo algunas cosas pueden cambiar tan rápido y otras sólo cambian lentamente”.