FEMINISMO Y LGBT EL DERECHO A SER DIFERENTE

El valor de la diversidad
Foto (detalle): © konstacot/iStock

El movimiento de las mujeres, homosexuales y personas que no quieren aceptar el orden tradicional de los géneros se han apoyado mutuamente a menudo. Pero en la política concreta dicha alianza también llevó a problemas. Las evaluaciones de la historiadora Miriam Gebhardt.

Basta una mirada hacia la evolución política actual en Alemania para darse cuenta de que el feminismo, por un lado, y los representantes de los derechos homo, bi y transexuales (LGBT), por otro lado, tienen mucho en común. Sobre todo, tienen un enemigo en común: el nuevo partido Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa para Alemania), cuyo populismo es muy exitoso y que complace a su clientela con ataques hacia el feminismo, las comunidades homosexuales, lesbianas, y transexuales, y las ciencias del género.
 
Si bien es cierto la nueva derecha vive en la actualidad y en sus filas hay altos cargos con tendencias homosexuales o modelos de familia alternativos. El hecho que a pesar de ello meten todo en el mismo saco lo que suena a feminismo, desviación sexual y la disolución de las fronteras entre feminidad y masculinidad tiene menos que ver con valores tradicionales de familia que con un término de batalla, el cual hoy en día se puede instrumentalizar fácilmente en la sociedad y en el periodismo alemán: “el delirio del género”.

LAS COSAS EN COMÚN SON EVIDENTES

El deseo de atacar con un solo tiro a todas las evoluciones de la sociedad que son amenazantes no se remonta solamente en los miedos y teorías de conspiración. En realidad, el movimiento de las mujeres, homosexuales y personas que no quieren aceptar el orden tradicional de los géneros se aliaron en momentos históricos tempranamente. Las cosas en común eran obvias: se trataba de la igualdad de los géneros y del derecho de discrepar de los roles supuestamente tradicionales, tanto hacia afuera como también en las preferencias sexuales. Juntos denunciaban que toda la cultura -hasta la lengua- y sobre todo, las relaciones de poder se originaban en la heterosexualidad que supuestamente era lo normal.
 
Esto empezó en los años 70 con una alianza demostrativa de feministas y mujeres homosexuales en el llamado Nuevo Movimiento de las Mujeres. Las lesbianas podían luchar contra su opresión como mujeres y contra su marginalización como homosexuales, ésa era la esperanza. Al mismo tiempo, las mujeres se podían liberar de su opresión haciéndose sexualmente independientes de los hombres: amor homosexual como decisión política, como arma contra el patriarcado.

HOMOSEXUALIDAD COMO LÍNEA DE QUIEBRE DEL FEMINISMO

La conexión de la emancipación y la homosexualidad subrayó el rol importante que tenían las “sexual politics” para el movimiento de las mujeres. El término, acuñado por la científica literaria y feminista estadounidense Kate Millett en los años 60, describió la sexualidad como el núcleo de la opresión de las mujeres. El siguiente paso fue la idea que Transgender podría infringir el sistema de géneros binario y asimétrico: ¿no significaría automáticamente el fin del dominio masculino si las personas no se pudieran identificar claramente como mujeres u hombres?
 
Para la discusión teórica estas evoluciones eran muy fructíferas, no así para la política feminista concreta. Alice Schwarzer, la feminista alemana más conocida y políticamente más activa sufrió este dilema personalmente. Cuando se puso a la cabeza del movimiento sabía que las feministas muchas veces eran estigmatizadas como lesbianas. Porque los hombres parecía que solo podían aguantar la crítica del patriarcado si podían imputar a las sufragistas como lesbianas y que odiaban a los hombres. Probablemente por este motivo – para no hacer el movimiento aun más vulnerable – decidió Alice Schwarzer en ese entonces mantener en secreto su orientación sexual. Esto, por su parte, era una afrenta para sus compañeras lesbianas. Por eso, para algunas activistas de los años 70 la cuestión de la homosexualidad era una línea de quiebre.

LUCHAS DE IDENTIDAD Y EL NUEVO PLURALISMO

Hoy en día el término “feminismo-queer” refleja a las luchas de identidad y al nuevo pluralismo en el movimiento. La sociedad ha empezado a reconciliar al sistema jurídico y la política familiar con las situaciones de vida individuales y con las  distintas concepciones de vida. Desde el 2013 los transexuales lo tienen más fácil para cambiar su género en el pasaporte. Sin embargo, en Alemania sigue vigente el llamado sistema de género binario. Cada persona se tiene que ubicar formalmente de forma clara en el sistema dual, con todas las consecuencias.

Mientras esto siga así continuarán vigentes las exigencias de las feministas de poder desarrollarse en un mundo social libre de asignación de género impuesta por la sociedad y la cultura. El malestar con la desigualdad hecha visible en el género promete discusiones intensas también para el futuro. El enemigo político en común tendrá su rol importante para que esto sea así.