Los caminos de Geo von Lengerke Un redescubrimiento a través del arte

Camino en Barichara, Colombia
Camino en Barichara, Colombia | Foto (detalle): © Camilo Marconi

En medio de la naturaleza colombiana se esconde un laberinto de caminos diseñados por un empresario alemán del siglo XIX. Un grupo de artistas intenta salvarlos del olvido.

En pleno corazón del departamento de Santander, en el noreste de Colombia, una red de senderos en piedra serpentea por valles y llanuras, bosques y caseríos, cactus, cabras, tierras rojas y amarillas. Se les conoce como caminos reales o de herradura. Su historia se remonta al siglo XIX, concretamente a la década de 1860 cuando el entonces Estado Soberano de Santander designó su construcción al empresario alemán Geo von Lengerke. Hoy, los caminos de Lengerke son uno de los grandes patrimonios culturales, históricos, arqueológicos y turísticos de Santander.

La figura de Von Lengerke está profundamente vinculada a la historia y el imaginario regional. El alemán ha sido inmortalizado en relatos populares, investigaciones e incluso en la famosa novela de Pedro Gómez Valderrama, La otra raya del tigre (1977) (también adaptada a la televisión). Su vocación para abrir una región hermética y ensimismada a los corredores comerciales e impulsar la industria y la economía local es vista como símbolo de la modernización y el progreso, pero visiones más críticas han revestido sus epopeyas con el signo depredador del colonialismo, destacando su participación en la desaparición de los indígenas guanes y yariguíes, quienes habrían trazado y recorrido los caminos que hicieron célebre a su exterminador.

Lo cierto es que un entusiasmo febril impulsó a Von Lengerke en su gesta ambiciosa y descomunal. “¿Por qué se quedó en Santander? No fueron sólo la quina, los sombreros, el tabaco. Fue la cordillera, fueron los riscos. Fue esa estructura furiosa, fue el deseo de abrir caminos y puentes en una topografía llena de soberbia”, escribe Gómez Valderrama en su novela.

Los que entonces se proyectaran como arterias de comunicación con el país y con el mundo, hoy son hilos en un laberinto de paisajes y tiempos remotos. Un tramo conecta la turística población de Barichara con Guane, el que fuera el corregimiento indígena más importante en la región. Otro tramo baja de La Mesa de los Santos a Jordán, un pueblito fantasma a orillas del río Chicamocha. En total, se estima que existen entre 800 y 1.300 kilómetros en estados de conservación desiguales –ante todo precarios–, lo cuales conectan municipios y caseríos en la vastedad y la aridez del paisaje.

Camino en Barichara, Colombia Camino en Barichara, Colombia | Foto (detalle): © Camilo Marconi ¿Es que acaso el potencial turístico de los caminos de Geo Von Lengerke, por no hablar del valor histórico y cultural, han pasado inadvertidos? ¿Por qué, aún con el antecedente de la declaración del tramo Barichara-Guane como monumento nacional en 1977, no se ha proyectado ampliar el honor a todo el complejo de caminos?

Los caminos que se bifurcan

A veces, de lo que no se ocupa la política se ocupa el arte. Recientemente, la galería La Mutante, ubicada en la ciudad de Bucaramanga (capital de Santander) presentó la exposición colectiva “Viaje a pie”, una residencia artística inspirada en el libro homónimo del autor colombiano Fernando González. El arte, en esencia, no tiene la obligación de decir nada. Pero a veces lo hace. Así, los caminos de Von Lengerke fueron no sólo recorridos, sino explorados, analizados, sentidos y resignificados a través de elementos artísticos.

Obra de Mariángela Aponte Obra de Mariángela Aponte | Foto (detalle): © Mariángela Aponte La artista Mariángela Aponte trabajó con las piezas que el camino le revelaba: los fósiles, testimonios de un océano remoto; la vegetación abriéndose paso entre las ruinas; las ruinas como insólitos pedazos de piedra maciza resistiendo a las inclemencias del tiempo y al olvido de los hombres. Eran piezas de rompecabezas dispuestas de manera caótica, fragmentaria, pero también pistas silenciosas de otra historia: “el territorio santandereano es agreste y bello, la caminata sin dudas es dura; el clima y la inclinación de los caminos se imponen al cuerpo del caminante. ¿Cómo fueron construidos en este territorio tan agreste? La fuerza de estos hombres, el sacrificio de las mujeres. Debajo de cada piedra yace una historia gloriosa pero también mucho dolor”.

A partir de sus registros visuales y sonoros, la artista produjo una serie de “paisajes hiposónicos”: fotografías intervenidas con circuitos de cinta de cobre que funcionaban como bocinas. La obra invitaba al visitante a acercar el oído para revivir sonoramente un paisaje que le habla “a una atención frágil y a una memoria distante” (“Instrucciones para escuchar un paisaje hiposónico”, de Mariángela Aponte). Sonido e imagen se plantean como puertas a un instante remoto, a un pedazo de camino recorrido e imaginado.

El artista Daniel Ifanger caminó con sus equipos al hombro y el resultado fueron 10 minutos en video, una inmersión en los distintos micro universos que encontró en su recorrido. “Me gustó mucho conocer a la gente por el camino, campesinos sobre todo. Muchas vidas, experiencias que se cruzan”, señaló Ifanger. El artista capturó con su cámara existencias tan sutiles como contundentes: un relámpago, el cambio de luz, el movimiento de las hojas al viento, los combates entre dos cabros por una hembra, un hombre que se acompaña de su radio mientras pastorea su caprisco y baila frente a la cámara. Atmósferas en tiempo presente, fragmentarias, prismáticas. “Salí con la sensación, el sabor, pero sabiendo que me faltaría conocer mucho más”.

Dos artistas más tomaron otra vía de creación; encontrándose con el imaginario heroico de Von Lengerke, vivo entre los habitantes de la zona, Christian Díaz y Camilo Marconi quisieron trabajar con la otra versión de la historia. Así, Díaz –alemán de ascendencia colombiana– reflexiona sobre la imagen del hombre conquistador y aventurero europeo, tomando como referencia la escultura “Walking Man” de la ciudad de Munich y superponiéndola al paisaje santandereano. Por su parte, Camilo Marconi encontró en el collage la mejor manera de plasmar y sugerir, con ironía y contundencia, las contradicciones y los exabruptos de la soberbia conquistadora.

Esta residencia se suma a una serie de intenciones e iniciativas que luchan por reactivar los caminos y desentrañar su valor identitario. Son homenajes a hombres y mujeres anónimos que desafían sus despeñaderos, que continúan aportando a una cultura viva. Ahí, “donde a las montañas se les llama cuchillos y rayas de tigre a los caminos” se preserva todavía una importante red rizomática de nuestra historia. Sin embargo, recordando las palabras de Nietzsche, en lo que respecta a nuestra comprensión de los caminos de Von Lengerke, su importancia y su significado para la historia colombiana, “debemos ascender todavía un buen trecho, sin prisa, pero sin pausa, para tener una panorámica auténticamente libre de nuestra vieja cultura”.