Fotoreportajes Ser pobre en Berlín y Bogotá

En dos mundos tan distintos como Colombia y Alemania, la pobreza económica y sus consecuencias sociales, vistas con atención, no parecen ser muy diferentes. 

Según el Banco Mundial, las personas que viven en “pobreza extrema” son aquellas quienes no pueden suplir sus necesidades básicas: vivienda, alimentación, salud, agua potable. Cuantitativamente se trata de las personas que reciben menos de 1.25 dólares diarios. En el mundo entero, 1,200 millones de personas viven en pobreza extrema y en países como Colombia la cifra puede alcanzar nieveles alarmantes. En llamadas “sociedades de bienestar” como la alemana, prácticamente no existe pobreza extrema. Y sin embargo, las desventajas económicas pueden llevar a formas de marginalización social tan preocupantes como en los países en desarrollo. Algunas imágenes desde abajo.
 

  • Fotoreportage-Armsein Foto: Berlin: Jana Burbach / Bogotá: Sebastián Osorno
    Dormir en la calle.

    368,200 bogotanos viven en Bogotá en condiciones de pobreza extrema o indigencia, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). En toda Colombia, el porcentaje de personas en pobreza extrema fue de 10.4% para el año 2012.

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    Ayuda.

    En Alemania nadie tiene que dormir en la calle. Esta idea preconcebida es solo cierta en parte. Los desempleados alemanes pueden recibir un subsidio de desempleo que les permite pagar un arriendo moderado. Pero algunos se ven desbordados a la hora de cuidarse a sí mismos o buscar vivienda. Estas personas tienen derecho a dormir en albergues para indigentes. Pero en Berlín muchas veces los albergues no dan abasto.Se calcula que en Berlín, una ciudad de 3.4 millones de habitantes, hay 11,000 personas sin hogar. Éstas duermen en verano al aire libre, en invierno tienen a su disposición cerca de veinte albergues de emergencia. Quien así lo desee, puede dormir allí. Actualmente, sin embargo, estas instituciones están desbordadas a raíz del creciente número de personas en necesidad. La “Misión ciudadana de Berlín”, por ejemplo, cerca de la Estación central, no rechaza a nadie. Por ello, muchas veces está hasta un 300%.

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    Concreto y vacío.

    En Alemania nadie tiene que dormir en la calle. Esta idea preconcebida es solo cierta en parte. Los desempleados alemanes pueden recibir un subsidio de desempleo que les permite pagar un arriendo moderado. Pero algunos se ven desbordados a la hora de cuidarse a sí mismos o buscar vivienda. Estas personas tienen derecho a dormir en albergues para indigentes. Pero en Berlín muchas veces los albergues no dan abasto.Se calcula que en Berlín, una ciudad de 3.4 millones de habitantes, hay 11,000 personas sin hogar. Éstas duermen en verano al aire libre, en invierno tienen a su disposición cerca de veinte albergues de emergencia. Quien así lo desee, puede dormir allí. Actualmente, sin embargo, estas instituciones están desbordadas a raíz del creciente número de personas en necesidad. La “Misión ciudadana de Berlín”, por ejemplo, cerca de la Estación central, no rechaza a nadie. Por ello, muchas veces está hasta un 300%.

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    Vivir de la basura.

    En una ciudad sin un sistema oficial de reciclaje, la basura es valiosa. En Bogotá, los llamados “recicladores” son una presencia habitual: familias enteras que recolectan en las calles materiales reciclables y que así –sin que muchos ciudadanos lo sepan o lo aprecien– llevan a cabo una labor ecológica importante. Edgar, de 54 años de edad, ingresó al oficio de reciclador hace veinte años, después de que la policía confiscara su mercancía de vendedor ambulante y no obtuviese compensación alguna. Un reciclador puede ganar entre 10,000 y 20,000 pesos diarios (4-8 euros). Debido a los altos costos de vida en Bogotá, con este monto es imposible satisfacer las necesidades básicas. Vivir de la basura significa: sobrevivir.

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    25 centavos.

    También en Alemania hay quienes pescan en la basura. A partir de la introducción del pago (“finca”) por botellas retornables –por cada botella de vidrio se reciben 8 centavos, por una de plástico hasta 25 centavos–, el número de recolectores de botellas ha aumentado radicalmente. “Al comiento eran indigentes, luego desempleados con subsidio. Entretanto los jubilados normales también recolectan botellas. Lo aprendieron de los indigentes”, explicaba hace algún tiempo una pedagoga social en un periódico berlinés. En Berlín hay cada vez más ancianos pobres, a quienes su jubilación ya simplemente no les alcanza para vivir.

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    Distintos.

    Los contrastes sociales en Colombia son drásticos, la riqueza y la pobreza extrema son mundos paralelos que conviven en un mismo lugar. El “Coeficiente de Gini” fue desarrollado para medir la desigualdad de los ingresos en un país: 0 marca la igualdad perfecta (todos los ciudadanos tienen los mismos ingresos), 1 corresponde a la desigualdad total (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno). El coeficiente de Gini para Colombia a finales del 2012 fue de 0,54. Para Alemania, de 0,31.

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    “Pobreza sentida”

    llama el Banco Mundial aquella forma de pobreza que no puede definirse directamente por niveles de ingreso. El concepto se refiere a las personas que a raíz de la marginalización o la discriminación social se consideran “pobres” o viven con temor frente a una situación económica que empeora.

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    El eterno “rebusque”.

    Millones de personas en países subdesarrollados y emergentes trabajan informalmente. Vendedores ambulantes, auxiliares en restaurantes u hoteles, que trabajan de forma independiente, sin contratos seguros, por fuera del marco jurídico del país y usualmente sin derecho alguno de salud y jubilación. En el caso de Colombia, se trata de más del 50% de la población económicamente activa, según cifras oficiales (los sindicatos hablan de números más altos). Esto dice mucho sobre las dificultades laborales y sobre los contrastes sociales en Colombia: la mitad de los trabajadores informales colombianos tiene educación secundaria; 58% de ellos son mujeres.

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    Palabras desagradables, retos reales.

    Desde inicios del 2014, los rumanos y búlgaros pueden buscar trabajo en Alemania sin limitaciones algunas. El partido conservador Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) advirtió sobre las secuelas de la “inmigración de pobreza” y predijo el fin del estado social alemán: estas personas vendrían a Alemania solamente a recibir subsidios estatales. La realidad es un tanto más compleja. Si bien cada ciudadano de la Unión Europea tiene el derecho de trabajar en Alemania, los derechos a recibir subsidios sociales tienen límites para ciudadanos extranjeros de la UE. Con todo, los retos son reales y considerables. Se calcula que en el año 2014 cerca de 180,000 rumanos y búlgaros irán a Alemania y que muchos de ellos, por desgracia, vivirán en condiciones precarias.

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    El cuerpo como moneda.

    La prostitución no necesariamente está asociada a la pobreza. Pero en zonas de prostitución femenina y transgenerista como el temido barrio Santafé en Bogotá, la vida es agresiva y difícil. Las estadísticas no son confiables: la prostitución aquí no es un trabajo socialmente aceptado, y su informalidad y carácter marginal implica riesgos de salud pública, higiene y violencia. La actual administración de Bogotá ha hecho grandes esfuerzos en el tema de inclusión social, así como sobre la tarea de regular adecuadamente la prostitución. Sin embargo, aún hay mucho trabajo por hacer.

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    Mujeres.

    En Alemania hay muchas menos mujeres que hombres indigentes. No obstante, la situación de las mujeres es mucho más precaria. Según La “Agencia federal para trabajo” alemana, De todas las madres cabezas de familia del país, 40% viven con subsidios básicos de desempleo. Su situación en el mercado laboral se ve agravada por las dificultades para combinar familia y profesión, pero también a causa de que muchos empleadores discriminan a madres cabezas de familia.También en su vejez, las mujeres sufren de mayor pobreza, pues si han trabajado menos que el hombre, reciben una jubilación mucho menor. Así, una persona que tuvo durante 45 años un “minitrabajo” (o trabajo de 450 euros mensuales) solo tiene derecho a una jubilación de 140 euros mensuales (400,000 pesos colombianos), lo cual de ningún modo no alcanza para vivir en Alemania. Actualmente, 7 millones de personas viven de un minitrabajo. En el 2011, 4.65 de ellas eran mujeres.

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    Calidad de vida.

    ¿Hasta dónde llega el concepto de “pobreza”? Si bien la tasa oficial de desempleo registrada a finales del año 2013 en Bogotá fue de 7,8%, gran parte de los trabajadores reciben el salario mínimo mensual (616,000 pesos en 2014 – lo equivalente a 225 euros). Los sindicatos consideran el salario mínimo precario e incoherente tanto con el alto costo de vida en Bogotá como con el positivo crecimiento económico del país. Según datos oficiales, cerca de un 12% de la población de Bogotá vive en condiciones de urgencia financiera o “pobreza monetaria”.Miles de trabajadores bogotanos usa diariamente el trasporte público. El sistema de buses articulados y estaciones fijas TransMilenio transporta 2,600,000 pasajeros cada día. Sin embargo, como lo evidencian cualquier viaje en hora pico, así como las repetidas manifestaciones de ciudadanos en las vías y las estaciones del sistema, el sistema –inaugurado en el año 2000– tiene graves problemas y no parece ya dar abasto. Según datos recientes, un 60,5% de los usuarios está insatisfecho con TransMilenio.

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    El laberinto de la soledad.

    En Alemania, gracias a la ayuda para desempleados, nadie debe pasar hambre. Pero el drama personal que ser pobre trae algunas veces consigo es el mismo que en el resto del mundo: la marginalización social.Muchas personas sin hogar pasan el tiempo en las estaciones del metro. Aquí encuentran un techo y en las estaciones se ha desarrollado un mercado paralelo de periódicos para indigentes o tiquetes de metro ya usados pero aún válidos. Pero ante todo, las estaciones de metro son espacios de continuo tránsito de personas, donde las personas solitarias sin hogar pueden –así sea solo de modo pasajero– escapar de su soledad.