Desde el cine mudo hasta el Neo-western feminista; el western nunca fue un género exclusivamente estadounidense. Entre Karl May en Alemania Occidental y las “películas de indios” de la RDA, Alemania desarrolló sus propias tradiciones western, con su carga ideológica y visualmente distintivas. Más tarde, Roland Klick, Hark Bohm o Valeska Grisebach releyeron radicalmente el western y lo reelaboraron como un género en el que aún se puede negociar algo más que la frontera estadounidense.
Der Western gilt als Ur-Genre des Kinos – und als eines der am häufigsten totgesagten. Seit The Great Train Robbery (1903, Edwin S. Porter) mit seinen 12 Minuten Leinwandgeschichte schrieb, strukturieren seine ikonischen Elemente die Kinogeschichte: Grenzräume, Bewegung durch Landschaft, Gewalt als Ordnungsmacht und der einsame Held im moralischen Konflikt.Héroes y antihéroes
El western se considera el género original del cine —y uno de los más frecuentemente declarados muertos—. Desde que El gran robo al tren (The Great Train Robbery, 1903, Edwin S. Porter) escribió sus doce minutos de historia en la pantalla, sus elementos icónicos estructuran la historia del cine: espacios fronterizos, movimiento a través del paisaje, la violencia como poder ordenador y el héroe solitario en conflicto moral. Aunque está firmemente vinculado al mito de la frontera estadounidense, el western se adoptó internacionalmente desde temprano. Al mismo tiempo, representaciones estereotipadas y problemáticas de los pueblos originarios (First Nations) lo marcaron durante décadas, así como roles femeninos en gran medida marginalizados.Sin embargo, a partir de los años 50 el género comenzó a resquebrajarse: los héroes se volvieron ambivalentes; la violencia, autorreflexiva; el orden, cuestionable. El western se abrió más a formas híbridas; se originaron incluso variantes de ciencia ficción, terror o cine de autor.Ya en los años 30 hubo casos excepcionales como El imperio fantasma (The Phantom Empire, 1935, Otto Brower), una serie estadounidense de doce episodios en la que un vaquero cantante descubre una civilización milenaria que vive bajo tierra y está muy adelantada a su tiempo. La serie fue muy exitosa y se considera el primer western de ciencia ficción. Pero a partir de los años 50, el género se diferenció de los otros, y con él, sus héroes y antihéroes.
Hasta hoy, el western se ofrece una y otra vez como herramienta de construcción para híbridos de género: Un ejemplo reciente muy exitoso es el western vampírico Pecadores (Sinners, 2025) de Ryan Coogler, que recaudó más de 90 millones de dólares en taquilla.
Paisajes del sur de Alemania con patrones narrativos transatlánticos
Si se mira a Alemania, alrededor del cambio de siglo ya existían asociaciones de aficionados al Lejano Oeste, espectáculos de variedades e ilusiones populares de un mito fronterizo estadounidense. En la época del cine mudo surgieron las primeras producciones western alemanas, rodadas en Berlín, Múnich o a lo largo del Neckar.La película en dos partes Calzas de cuero (Lederstrumpf, 1920, Arthur Wellin) marca un primer punto álgido: con Bela Lugosi —más tarde conocido sobre todo como el vampiro Drácula— como Chingachgook, la película unía paisajes del sur de Alemania con patrones narrativos transatlánticos. Paralelamente surgieron los llamados westerns del Isar y del Neckar como El misterio del valle del Viejo Oeste (Das Geheimnis der Wildwestkuhle, 1919), que adaptaban formalmente el género, pero lo trasladaban espacialmente.
Con la readmisión de las películas estadounidenses, la producción western alemana perdió importancia. Durante la época nazi sólo se realizaron pocos títulos como El emperador de California (Der Kaiser von Kalifornien, 1936, Luis Trenker), cuya formación de mitos estaba estrechamente ligada a la ideología nacional. Mientras que alrededor de 1950 los cineastas en EE.UU. ya rompían con el género western clásico, en la Alemania dividida la producción western funcionaba a toda máquina a partir de los años 60 —aunque bajo premisas completamente distintas—. En la RFA y la RDA, el mismo género se convirtió en escenario de visiones del mundo opuestas.
Convenciones de género y didáctica antiimperialista
Con El tesoro del lago de plata (Der Schatz im Silbersee, 1962) comenzó la ola de Karl May. Pierre Brice como Winnetou y Lex Barker como Old Shatterhand encarnaban una imagen idealizada de amistad y masculinidad que encontró una enorme aceptación en la Alemania de posguerra. Le siguieron Winnetou I – III (1963 – 1965).Estas películas son visualmente opulentas, emocionalmente inequívocas, y muy estereotipadas. Winnetou funciona como el “buen salvaje” moralmente elevado, Old Shatterhand como el mediador alemán entre culturas. A pesar de (o quizás debido a) estas simplificaciones, las películas se convirtieron en grandes éxitos de taquilla y marcaron de manera perdurable la imagen del western en Alemania Occidental. Sin embargo, con el Manifiesto de Oberhausen en 1962 y el surgimiento del Nuevo Cine Alemán, el western de Karl May perdió rápidamente prestigio cultural, y desapareció en gran medida de la producción cinematográfica contemporánea.
En paralelo, la DEFA en la RDA desarrolló un modelo contrapuesto consciente: los llamados Indianerfilme o “películas de indios”. Aquí las figuras indígenas estaban en el centro de atención como víctimas del colonialismo, el capitalismo y la violencia. El primer western de la DEFA, Los hijos de la gran osa (Die Söhne der großen Bärin, 1965), se basaba en una exitosa serie de libros de Lieselotte Welskopf-Henrich, quien también escribió el guion. La película convirtió a Gojko Mitić en estrella y fundó un cine western socialista propio. Producciones como Chingachgook: La gran serpiente (Chingachgook, die große Schlange, 1967) o Apaches (Apachen, 1973) combinaban convenciones del género con una didáctica antiimperialista.
- El tesoro de Manitú (2001) tuvo más de 11 millones de espectadores; un récord en la historia del cine alemán. El crítico del New York Times Calum Marsh compara la secuela La canoa de Manitú (2025, Michael “Bully” Herbig) con las películas de Austin Powers, aunque les atribuye un humor muy específicamente alemán, por lo que tampoco se encuentran en servicios de streaming.
- Karl May nunca vio el Lejano Oeste. Sus novelas surgieron en gran parte de relatos de viajes, fantasía y proyecciones coloniales; una circunstancia que explica también el mundo visual extremadamente estilizado de las películas de Winnetou.
- La RDA fue “revisionista” antes que Hollywood. Mientras que los westerns estadounidenses integraron perspectivas indígenas más ampliamente sólo a partir de los años 90 con cintas como Danza con lobos (Dances with wolves, 1990) y Los imperdonables (Unforgiven, 1992), los Indianerfilme de la DEFA ya contaban desde los años 60 con elementos críticos con el colonialismo. Los Indianerfilme de la DEFA fueron exportaciones internacionales y especialmente exitosas en Cuba, Vietnam y Europa del Este; un ejemplo raro de cine de género socialista que circulaba globalmente.
- Gojko Mitić se hizo tan popular en la RDA que se convirtió en ciudadano honorario de varias ciudades y aún hoy actúa en festivales de Karl May.
Espacio de reflexión sobre el envejecimiento, el fracaso y la masculinidad
A partir de los años 70, el western en la RFA se convirtió en terreno de los cineastas auteurs. Deadlock (1970) de Roland Klick marca un punto de inflexión: un anti-western radicalmente reducido, influenciado por el spaghetti western, situado entre el cine de explotación, el existencialismo y el teatro de cámara. Ubicado en la nada de un pueblo fantasma mexicano, Deadlock juega con los medios del género —una maleta llena de dinero, un asesino, un ladrón— y deja volar las balas al estilo del cine de serie B de los años 70.Hark Bohm realizó con Chetan, muchacho indio (Tschetan, der Indianerjunge, 1973) un temprano western de autor, marcado visualmente por el cinefotógrafo Michael Ballhaus. En Chetan este último transformó las montañas bávaras en un paisaje de Montana alrededor de 1880, donde un pastor de origen alemán y un niño indígena se alían indirectamente.
Mientras el western clásico desaparecía del cine, vivía en la parodia y la cita. El tesoro de Manitú (Michael “Bully” Herbig, 2001) rompió la nostalgia de Karl May mediante la ironía y el slapstick, y se convirtió en uno de los mayores éxitos de taquilla de la historia del cine alemán. Al mismo tiempo surgieron coproducciones internacionales y neo-western germano-estadounidenses como La búsqueda (Don't Come Knocking, 2005, Wim Wenders), que utilizaban el género como espacio de reflexión sobre el envejecimiento, el fracaso y la masculinidad.
El cineasta auteur Thomas Arslan sitúa en Gold (2013) el western en un escenario minimalista y sobrio. Con Nina Hoss en el papel principal, el foco está en un grupo de emigrantes alemanes que viajan a Canadá en busca de oro a finales del siglo XIX, teniendo que superar no sólo caminos desconocidos, sino también unos a otros y a sí mismos.
Con Western: la ley del más fuerte (Western, 2017), Valeska Grisebach cambia radicalmente la perspectiva del género. A su película le interesan menos la trama que los gestos, las miradas y las relaciones de poder. El western se convierte en un estudio sobre la masculinidad, ser extranjero y la migración laboral europea en la región fronteriza búlgara. Se encuentran paralelos en el cine estadounidense con Kelly Reichardt, cuyos trabajos Tierra brava (Meek's Cutoff) y First Cow reinterpretan el género de forma efectiva bajo la mirada feminista.
Hoy el western en el cine alemán ya no es un fenómeno de masas sino un laboratorio estético. Entre la deconstrucción, la memoria y la renegociación política, sigue siendo un espacio de reflexión para preguntas sociales: ¿Quién posee la tierra? ¿Quién cuenta la historia? ¿Y quién está al margen de la imagen, o, repentinamente, en el centro?
- El tesoro del lago de plata (1962, Harald Reinl); inicio de la ola de Karl May, tuvo público de millones dentro y fuera de Alemania.
- Winnetou I – III (1963–65, Harald Reinl); la trilogía western alemana más influyente.
- Los hijos de la gran osa (1965, Josef Mach); el mayor éxito del western de la DEFA.
- El tesoro de Manitú (2001, Michael Herbig); más de 11 millones de entradas, la parodia western alemana más exitosa.
- Calzas de cuero (1920) en Ediciones en DVD de cine mudo.
- El tesoro del lago de plata en Apple TV+, VOD.
- Winnetou I – III en VOD y medios físicos.
- “Películas de indios” (Indianerfilme) de la DEFA en Kanopy, DEFA Film Library.
- Deadlock; versiones restauradas, en MUBI.
- Gold en VOD (EE. UU. y Canadá).
- Western (2017) en Criterion Channel, VOD
marzo 2026