Desde que el cineasta y fotógrafo Peter Sempel falleció el 20 de marzo de este año, cuatro días antes de su cumpleaños número 72, la escena artística de Hamburgo se ha vuelto notablemente más silenciosa. Falta una de las piezas únicas más obstinadas, una de las que nunca se supo bien qué era: ¿cineasta musical, director experimental, fan?
Con Sempel ha desaparecido una forma de mirar muy particular: una cámara que nunca documenta desde la distancia, sino que siempre está en medio, que tiembla, que vibra, que baila, que también tropieza, y que, sin embargo, nunca pierde el equilibrio.Sempel, nacido en Hamburgo en 1954, criado en la Australia rural sin agua corriente ni radio, y que regresó en barco a los doce años, filmó toda su vida a marginados y trabajadores migrantes, porque él mismo siempre siguió siendo uno. “Protesta contra el mundo normal”, llamó a eso alguna vez. Su punk no era un accesorio estilístico, sino una actitud existencial.
Sempel amaba el punk con la misma devoción que la ópera. Para él eran dos caras de la misma moneda: ambas exageración, ambas entrega radical, ambas un ataque furioso o melancólico contra el aburrido centro. Beethoven chocaba contra UK Subs, Mozart contra Poison Girls, Schubert contra los Neubauten. La banda sonora ya era un manifiesto contra cualquier forma de separación impermeable entre alta cultura y subcultura. Sempel nunca buscó la gran narrativa lineal. Coleccionaba, hacía collages, asociaba, superponía imágenes y sonidos: la verdad para él residía en la superposición. Sus películas son como la escena punk misma: ásperas, caóticas, contradictorias, a veces insoportablemente cercanas y a veces casi tiernas.
En Dandy (1988) hace esperar a Blixa Bargeld en una parada de autobús, mientras Nick Cave y Nina Hagen sostienen absurdos diálogos sin sentido. Aparece Campino, Lene Lovich, Dieter Meier de Yello; todo fluye sin que quede claro por qué. Sempel nunca quiso explicar, sino descubrir algo por sí mismo y hacerlo sentir al espectador. La cámara era para él como una prolongación del sistema nervioso, un instrumento empático que capturaba la energía antes de que se transformara en pose. En una entrevista con el diario alemán taz con motivo de su septuagésimo cumpleaños, dijo lacónicamente: “Mucha gente cree que voy detrás de los famosos. Pero no, siempre surgió así”.
No era falsa modestia. Sempel se interesaba genuinamente por las personas, por su neurosis, su impotencia, su ira, su belleza oculta. Muchos se convirtieron en sus amigos y lo siguieron siendo hasta ahora.
Y por eso las películas de Peter Sempel siguen siendo hoy tan frescas y sin esfuerzo, porque conservan la energía cruda y sin pulir que tenían esas personas cuando aún no eran iconos, sino figuras jóvenes, furiosas, desesperadas o eufóricas en un mundo que les quedaba pequeño.
El punk nunca fue para Peter Sempel sólo música, moda o una fase. Era una actitud fundamental: no adaptarse, no dejarse explotar, no usar la cámara como instrumento de poder o distancia, sino como medio de ternura, solidaridad y complicidad.
Sus cortometrajes de los primeros ochenta son por eso más que meros documentos de una subcultura pasada. Son intentos de oponer algo radical a la aceleración: desaceleración, repetición, superposición, la permanencia obstinada en el detalle. Amor en cámara lenta, se podría decir. Una forma de lentitud radical en medio del ruido y el ajetreo.
Peter Sempel se mantuvo fiel al punk sin convertirlo en pieza de museo ni en una estética retro complaciente. Vivió su punk hasta el final, cada día y cada noche; tanto en el club de Hamburgo como en sus postales hechas a mano —exuberantemente decoradas con ternura y amorosamente escritas— que enviaba a todo el mundo; en interminables conversaciones nocturnas con él, tanto como en sus películas, que nadie pudo nunca comercializar del todo y que precisamente por eso conservarán siempre su valor incalculable.
En una de ellas se oye a Nick Cave decir: “I'm just visiting this planet” (“Sólo estoy de visita en este planeta”). Peter Sempel también estaba sólo de visita. Al despedirse nos dejó algunas de las imágenes más bellas de este extraño planeta.