Saufpunks  ¿Tiene una moneda?

Saufpunks en la estación de tren
Berlín: Hay mucho ajetreo en la estación de metro de Eberswalder Straße, en el barrio de Prenzlauer Berg de Berlín, que ha perdido un poco de su antiguo «esplendor». Un entorno ideal para los punkies borrachos a quienes les encanta frecuentar las estaciones, ya que aquí pueden pedir limosna en paz, aunque la mayoría de las veces sin mucho éxito. © picture-alliance / ZB | Silke Reents

Es un fenómeno particularmente alemán aquel del llamado punk alcohólico o saufpunk (del alemán "saufen" ‘emborracharse’). A menudo desestimado como un “parásito social”. Detrás de las consignas nihilistas se esconde un perfil sorpresivamente político. Un retrato.

Un saufpunk es una persona que culturalmente se suscribe al punk, muestra una postura abiertamente en contra de lo burgués, tiene un aspecto bastante descuidado y recurre al humor crudo. Consume mucho alcohol, de preferencia cerveza en lata, pero también otros; y, con toda seguridad, tiene al menos un perro desaliñado. Incesante, pide a los buenos transeúntes una limosna con las palabras “¿Tiene una moneda?”. Por lo general, se la ve sentada o, según el grado de ebriedad, tirada en el piso, a menudo en estaciones de tren. Y una cosa más: esta persona suele ser alemana, en el mundo no hay un verdadero equivalente para el auténtico saufpunk alemán.

¿Pero qué es tan especial de estas personas? Después de todo, un cierto consumo de alcohol no es inusual en diferentes subculturas alrededor del mundo. Aquí, sin embargo, tiene un significado mayor: entre los auténticos saufpunks, el consumo de alcohol es parte de su identidad cultural tanto como el propio mohicano, el perro pastor piojoso y el parche de la banda Crass en la chamarra de cuero robada. La imagen del saufpunk surgió después de la disipación de la primera ola del punk, a principios de la década de 1980, en Alemania Occidental. Para diferenciarse de otros movimientos motivados políticamente, como podía verse en las escenas anarquistas, autónomas o hardcore, para los saufpunks lo importante era el aquí y el ahora. La transgresión colectiva de los límites, la diversión en lo inmediato era el lema. Aunque aquí “diversión” se entendía, por supuesto, como “beber”.

Crítica social y autoparodia

¿De dónde vienen los saufpunks? Su origen está en el punk, pero el resto está en las condiciones sociales. La crisis económica que comenzó en los años setenta conllevó la desintegración de los espacios tradicionales, la juventud encontró en el punk una propuesta alternativa a la mentalidad orientada al rendimiento y la presión de adaptarse. El consumo de alcohol tenía, por ello, una función simbólica: la cerveza como contraparte de la ética laboral burguesa podía parecer un escape barato para la clase dominante; sin embargo, dentro de la escena, funcionaba como una representación de la marginalidad y la negación de las expectativas sociales. Las contradicciones inherentes a esta postura, desde la resistencia cultural, por un lado, hasta la indiferencia social y las tendencias autodestructivas, por el otro, son reales y prácticamente irreversibles. De hecho, se crea un campo de tensión entre crítica social totalmente seria y una autoparodia calculada, la cual se manifiesta de manera impresionante en obras sumamente satíricas de bandas relacionadas con la escena como Die Kassierer (con su canción Das Schlimmste ist wenn das Bier alle ist // Lo peor es cuando se ha acabado la cerveza), Eisenpimmel (“los Tocotronic del ‘Saufpunk’ de la cuenca del Ruhr”) o Pöbel & Gesocks.

Aquí también juega un papel importante el pogo, un estilo de baile en el que los participantes parecen saltar de un lado al otro y empujarse de manera caótica. El bullicio musical que lo acompaña es tan solo una cortina, se omiten los detalles rítmicos. Aquí (literalmente) se trata de ser brusco. Para muchos punks, el pogo representa una forma de comunidad espontánea y sin jerarquías. En general, anarquía: los “terceros espacios” del punk, los recintos de conciertos y bares, se volvieron el modelo de una sociedad sin reglas rígidas. En el centro, no están las discusiones y los programas, sino la experiencia inmediata, el caos y la autoorganización. Este (auto)entendimiento prepara el terreno para el surgimiento de una formación política insólita: el Partido Anarquista Alemán del Pogo (en alemán Anarchistischen Pogo-Partei Deutschland, APPD por sus siglas).
Cartel de la APPD

«El trabajo es una mierda», ese es el lema del «Partido de la Prole y los Parásitos Sociales», el «Partido Anarquista Alemán del Pogo», (APPD). De su programa electoral: «Nuestro objetivo es hacer que la vida vuelva a valer la pena, libre del terror al rendimiento, la coacción y la sumisión constante a un sistema que solo funciona para los ricos». | © APPD

¡El trabajo es una mierda!

Fundado en el entorno de la escena punk de la estación de Hannover en 1981, el APPD, el “partido de la prole y los parásitos sociales”, tomó en cuenta el hecho de que, en el panorama político de Alemania, no había lugar para el nihilismo de la juventud negacionista, cuya aplicación coherente como proyecto de vida también tenía una dimensión política. Además de los lugares comunes clásicos del anarquismo, como la exigencia de “la menor intervención estatal posible, más libertad y autoorganización” o la democracia directa, el partido también exigía, en términos generales, “paz, libertad, aventuras” y, en lo individual, “derecho al desempleo con compensación salaria íntegra”, legalización de todas las drogas y la abolición de la educación obligatoria. Si esto resultara demasiado complicado, el eslogan “El trabajo es una mierda” (Arbeit ist scheiße) resume perfectamente la postura subyacente de la plataforma.

De forma satírica, el partido retomó el lenguaje de los debates conservadores poder dirigirse con desdén al centro político. No sorprende, entonces, que el APPD se sirviera de los mismos mecanismos que los saufpunks: la borrosa delimitación entre provocación y crítica seria, la satisfactoria búsqueda de la exageración satírica y, sin duda, las consignas de lucha de clases que había que tomar en serio ponen de manifiesto los valores dominantes y los desenmascaran como un sistema de clases elitista. El partido rechaza, al igual que el saufpunk individual, la habitual seriedad en el discurso político y, en cambio, apuesta por el humor cínico y la exageración.

¡Beber, beber y beber!

De hecho, el APPD se ha presentado a dos elecciones al Bundestag, el Parlamento Federal Alemán (en 1998 y 2005), y en algunas elecciones de Landtag, los parlamentos regionales de los estados federales, pero al menos, en ambas ocasiones, pudo proclamarse ganador en los corazones, aun cuando el resultado de los votos no fue nada impresionante.

Así como la cultura de los saufpunks fue una manifestación de una contracultura, de un estilo de vida alternativo, alcohólico y estancado, los esfuerzos políticos de su propio entorno son una parodia de sus propios lemas. Pero una vez que se ha superado el descontento burgués ante esos parásitos desvergonzados, de hecho, no suena tan mal pensar en una alternativa a la mentalidad neoliberal basada en el rendimiento. Y cuando uno se enfrenta a las injusticias de un mundo en el que los tecno-oligarcas superricos juegan su propia versión de Monopoly con una población empobrecida, en el que son dueños de todas las calles, quizás unos de los eslóganes más bellos de los salvajes pogo-anarquistas nos brinde una estrategia: ¡Beber, beber y beber!