Hoy en día, imaginar a un lector sentado por horas en su sillón favorito, absorto en la lectura de un libro, es casi imposible. Probablemente, ese lector solo podría concentrarse en un par de páginas cada vez, y sería distraído constantemente por una notificación en su celular o algún otro estímulo digital. Y sin embargo, el arte de la lectura sobrevive.
Según un reciente estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos con apoyo del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, la preferencia por el papel convive entre adolescentes y jóvenes con una amplia presencia de la lectura digital, en la que el móvil aparece como el dispositivo más usado.Pero, ¿cómo reconfiguran las pantallas el acto de leer y el pensamiento crítico? ¿Y de qué manera continuará evolucionando la lectura? Planteamos estas preguntas a los escritores argentinos Mempo Giardinelli y Martín Kohan.
Los hábitos de lectura, dice Kohan, cambiaron “como tantas cosas, a partir de la posibilidad de llevar siempre una computadora portátil consigo y estar permanentemente conectado a internet. Ya no se trata solamente de leer en dispositivos electrónicos (pantallas lumínicas con apariencia de páginas de libros), sino otra forma de acceder a los textos y luego leerlos en la pantallita del celular”.
La persistencia de la vieja tecnología llamada “libro”
Kohan afirma no estar en condiciones de establecer cuáles son las modalidades de lectura que prevalecen, pero señala que “hay un aspecto a considerar y es la relativa persistencia de esa vieja tecnología llamada libro”.“Comparando lo que ha pasado por ejemplo con las maneras de escuchar música –que cambiaron hasta el punto de poner en crisis la idea misma del objeto “disco” como unidad de obra– o con las maneras de ver películas –yendo al cine a compartir la experiencia con otros a hacerlo privadamente, en las propias casas–, o el claro declive de la lectura de diarios en papel, el libro, pese a todo, sigue siendo significativo: sigue siendo un objeto presente y preferido a la hora de leer”.
Por su parte, Giardinelli, quien hace treinta años creó y dirige una fundación dedicada al fomento de la lectura en la provincia del Chaco, en el noreste de Argentina, comenta: “No sabría especificar exactamente qué costumbres cambiaron, pero sí hubo cambios y hoy, como siempre, los lectores leemos y los no lectores no”.
La ruptura en las formas de lectura “sin duda es parte de la cultura actual. Creo que hoy se lee menos, en general, tanto en relación a lo que se publica, que es muchísimo, como al hecho para mí evidente de que las generaciones más jóvenes leen bastante menos que sus mayores”, observa.
“Lo que no deja de ser entendible porque la principal consecuencia fue que la tele nació concebida para distraer, influir y también engañar. La tele no es más que el instrumento o modo de un sistema imperativo por el cual la Televisión funge como recurso tecnológico fenomenal para el control y la manipulación social”, advierte Giardinelli. Y añade: “me parece evidente que la relación con la lectura y los textos cambió y seguirá cambiando en cada generación y no sé si eso será bueno o malo, pero confieso que no soy muy optimista”.
Kohan piensa que nos pasa con la lectura “lo mismo que con muchas otras cosas, como ver algo en la televisión, mantener una conversación con un amigo, etc.: cada vez nos cuesta más sostener largamente la atención en un mismo asunto, concentrarnos en algo que nos interesa, aunque nos interese”.
El dispositivo de lectura es el mismo que nos distrae
Para Kohan, “no se trata de una antinomia entre página y pantalla, sino del hecho de estar siendo todo el tiempo objeto de dispositivos de distracción. Que nos toman no solamente cuando queremos y elegimos distraernos, sino cuando queremos concentrarnos”. Kohan, profesor en la Universidad de Buenos Aires, agrega: “En ese sentido sí veo un problema con la lectura en celulares, porque los factores distractivos brotan del mismo lugar en el que estamos tratando de concentrarnos”.“Trabajo con estudiantes de alrededor de veinte años; cuando surge esta cuestión, lo que dicen es que les pasa esto mismo. Aprecian las posibilidades que se abren con las nuevas tecnologías –como, aunque en menor medida, las aprecio también yo–, pero padecen con un estado de cosas que a la vez los perjudica”.
A la pregunta de si atravesamos una era de lecturas fragmentarias, Giardinelli responde: “En mi opinión es imposible, y estéril, definir esto. La lectura llamada ‘fragmentaria’ existió siempre y seguirá existiendo, y enhorabuena, y ojalá cada vez más porque lo que importa es leer, hacer leer, disfrutar lecturas y contagiar a las nuevas generaciones. En esa batalla estamos, y yo creo y quiero creer que la humanidad la va a ganar”.
Nuevas formas de lectura y pensamiento crítico
Y, en un ecosistema de lecturas dispersas, ¿se debilita la posibilidad de pensamiento crítico? Para Kohan, “evidentemente sí”, pues “no hay pensamiento crítico sin un previo recorrido cuidadoso y un previo esfuerzo de comprensión del texto que se lee. Creo que a veces, en el ámbito educativo, por pasar tal vez con demasiada premura a la instancia del pensamiento crítico, pudo haberse descuidado el tiempo y la atención que es preciso dedicar a la elaboración de la comprensión de textos. Pasar demasiado pronto a la parte del debate y la expresión de las propias ideas no activa ningún pensamiento crítico, si no hay un trabajo previo de elaboración de lectura sobre ese texto que se va a discutir críticamente”, sostiene.Giardinelli, en tanto, opina que “esta posibilidad depende de cada persona. Los buenos lectores, jóvenes o veteranos, no se entregan. Y así el o la lectora que fueron bien enseñados y entrenados en su niñez y desarrollo me parece que son cada vez más. En número y en astucia, y eso me parece buenísimo”.
¿Cómo se seguirá desarrollando el acto de leer en un futuro? Ambos escritores dejan translucir un cauteloso optimismo.
Kohan responde: “No lo sé. Pero van surgiendo, según parece, y también entre los jóvenes, señales de hastío ante este estado de cosas. Puede haber una esperanza ahí”. “Creo que no variará mucho”, concluye Giardinelli. “Leer es un acto precioso que embona perfectamente con la naturaleza humana y el deseo de vivir, crear, progresar y colaborar para que el mundo y la vida sean mejores cada día. No es pequeña misión”.
Martín Kohan nació en 1967 en Buenos Aires. Es un destacado novelista, ensayista y académico. Enseña Teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de la Patagonia. Su novela Ciencias morales recibió el Premio Herralde de Novela en el año 2007
agosto 2026