Bienal de Venecia 2024  Extranjeros en todas partes

Kiara Flores, Colorado Inter - Tribal Dancers.
Kiara Flores, Colorado Inter - Tribal Dancers. © Federica Carlet

El título de la edición de 2024 de la Bienal de Venecia fue “Extranjeros en todas partes”. ¿Cómo se concretó ese enunciado, aparentemente polémico, en la exposición? Hablamos con Dieter Roelstraete, curador del Neubauer Collegium for Culture and Society.

Ver o creer ver “extranjería” en todas partes parece generar una sensación de homogeneidad.


Dietert, usted ha trabajado en el campo curatorial por más de dos décadas. ¿Qué piensa del tema o título de la bienal –”Extranjeros en todas partes”? ¿Cree que se tradujo a la muestra?

Resulta gracioso que justamente sea el concepto de traducción el que ensombrece un poco la experiencia que tuve con esa gran exposición: pienso en la pieza de Adriano Pedrosa (cuyo título se remitía a una instalación de Claire Fontaine de 2006 llamada Stranieri Ovunque), que debió traducirse como “Strangers Everywhere” (Extraños en todas partes) y no como “Foreigners Everywhere“ (Extranjeros en todas partes), ya que me parece más productivo pensar que el arte es algo extraño más que extranjero. Dicho esto, pese a todo, en la muestra no encontré muchas cosas extranjeras o extrañas: ciertamente había un montón de artistas de los que no había oído hablar, y muchos artistas que “representaban” comunidades históricamente marginadas (aunque, de hecho, en algunos casos puede considerarse que esa marginación tiene un carácter puramente histórico), pero la mayoría de los trabajos expuestos no me impactó por resultarme “ajenos” (una tercera traducción posible de “stranieri”).

¿Cuán “extraña” puede ser en realidad una pintura?
 

Para ser honesto, cuando visité el Arsenale y el Pabellón Internacional me sentí perseguido por una persistente sensación de “siempre igual, siempre igual” provocada por un marco curatorial devenido ahora excesivamente familiar y una fundamentación en la historia del arte que poco ayuda a individualizar la calidad de las obras expuestas, muchas de las cuales, naturalmente, eran muy satisfactorias por mérito propio (y esa quizás se la razón por la cual me pareció que la gran atracción esta vez eran los pabellones nacionales). Ver o creer ver “extranjería” en todas parece generar una sensación de homogeneidad y, si me preguntas, en ningún lugar esa sensación fue más aparente que en la simplona reducción del arte de varios y diversos “otros” (artistas indígenas, artistas marginales, artistas queer) a un despliegue de autenticidad y artesanía. Hoy en día no tiene casi nada de verdaderamente inquietante ver un desfile infinito de tejidos y pinturas folclóricamente figurativos y falsamente ingenuos en los venerados espacios del establishment artístico del norte global.


Digo, ¿cuán “extranjera” puede ser en realidad una pintura? (Sobre este tema: la relación entre “extrañeza” y pintura fue abordada de modo bastante convincente en una reseña que leí hace poco sobre la inquietante muestra de Christina Ramberg organizada este año por el Art Institute de Chicago. Ramberg es, sin duda, la clase de artista que definitivamente habría tenido una buena repercusión en una Bienal como la de este año y vale la penas citar largamente el primer párrafo de la mencionada reseña de Susan Tallman: “En el arte contemporáneo se abusa de la ‘extrañeza’ como factor de atractivo comercial. No hay razón por la cual ‘extraño’ sea equivalente de bueno y, en cualquier caso, la mayor parte de lo que se llama ‘extraño’ se basa en trucos surrealistas de un siglo de antigüedad (yuxtaposiciones estridentes, distorsiones biomórficas, retorcimiento sexual) que no son en absoluto extrañas. Sin embargo, de vez en cuando surge algo para lo cual cualquier otra palabra resulta insuficiente, algo cuya extrañeza no es una estrategia o un objetivo sino un subproducto de la consecución de determinada línea de pensamiento. Algo cuya extrañeza lo asalta a uno de repente, así como asaltó a la artista cuando trabajaba, y que cambia el modo en que ves las cosas.”) Como sea…. a esta altura creo que usted habrá adivinado que no me interesa ese retroceso tenuemente paternalista a los días etnologizantes de una “otredad” al estilo de Magiciens de la Terre… pero, por supuesto, en la muestra de Pedrosa hay expuesto muchísimo arte realmente bueno y vale la pena hacerle una visita.

Muchísimo arte realmente bueno
 

La muestra del Arsenal presentó más artistas indígenas que cualquier otra edición anterior de la Bienal. ¿No es una profunda paradoja que los artistas indígenas expongan ahora en Venecia bajo la etiqueta de “extranjeros”, cuando en la mayoría de las instancias artísticas la gente indígena es considerada “el pueblo”, que a lo largo de la historia fue colonizado por “extranjeros”? ¿Ahora son presentados en el corazón del continente del cual provenían los extranjeros conquistadores?


Sí, en el corazón del constructo curatorial de Pedrosa hay algo respecto a esa equivalencia de indigenismo y extranjería que parece… ¿retrógrado? Y del mismo modo, esa equivalencia de indigenismo y “artesanía” y cierta concepción ingenua de la autenticidad parecen hacernos retroceder un poco en el tiempo. Dicho esto, hay muchísimo arte realmente bueno en la bienal de este año, y mucho de ese arte fue hecho, en efecto, por artistas indígenas, aunque el mejor arte indígena de Venecia puede verse en algunos de los pabellones nacionales. Brazil (Ka’a Pûera: somos aves que caminan), Australia (merecido ganador del León de Oro en la persona de Archie Moore, un artista de origen parcialmente indígena), los Estados Unidos (Jeffrey Gibson, Mississipi Choctaw y Cherokee), Dinamarca, que temporariamente fue renombrada como Kalaallit Nunaat (“Groenlandia” en la lengua originaria inuit) por el artista groenlandés Inuuteq Storch.

Este último me resultó particularmente notable porque era decididamente antinostálgico y nada sentimental en su uso de llano y simple de la fotografía, con una variedad casi de periódico, de diario, que nos recuerda el hecho de que la gran mayoría de los actuales artistas indígenas hacen la mayor parte de su trabajo usando IPhones y notebooks y herramientas online igual que el “resto” de nosotros (más allá de lo que quiera decir “nosotros”) Y, por supuesto, no puedo ser objetivo respecto a la magistral obra de Jeffrey Gibson The Space In Which to Place Me (El espacio en que situarme), pero baste decir que su extravagancia tecnicolor maximalista me pareció un saludable antídoto contra cierto tono didáctico de ese entusiasmo generalizado por los artistas indígenas como proveedores de formas históricas o arcaicas. Me gusta el el impulso hacia adelante de Gibson… y su apuesta a una comprensión más híbrida de la identidad.
 
La obra maestra de Jeffrey Gibson The Space In Which to Place Me (El espacio donde situarme).

La obra maestra de Jeffrey Gibson The Space In Which to Place Me (El espacio donde situarme). | © Timothy Schenck

De hecho, el evento particular más movilizador de toda la semana de apertura, de todo lo que vi, sucedió cuando un invitado especial de Pabellón de los Estados Unidos, el artista G. Peter Jemison del clan Heron de la nación Seneca, dio su bendición (en su idioma originario) a las actividades reflexionando sobre la coincidencia de estar allí, sólo a cientos de kilómetros del lugar de nacimiento de Cristóbal Colón (o el de Américo Vespucio). Para mí reside ahí la magia negra de la historia, por decirlo así: una complejidad que anula el impulso esencialista de tantas políticas identitarias.


Dieter Roelstraete es el curador del Neubauer Collegium for Culture and Society de la Universidad de Chicago, En la galería del Neubauer Collegium se exhibieron obras de Gelitin, Rick Lowe, Pope.L, Martha Rosler, Cecilia Vicuña, y Christopher Williams. Antes trabajó de curador para documenta 14 en Kassel y Atenas en 2017. Del 2012 al 2015 fue Manilow Senior Curator en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, donde organizó y coorganizó entre otras exposiciones: The Way of the Shovel: Art as Archaeology (2015); The Freedom Principle: Experiments in Art and Music 1965 to Now (2015); y Kerry James Marshall: Mastry (2016). Del 2003 al 2011 Roelstraete fue curador del Museum van Hedendaagse Kunst Antwerpen en su Bélgica natal. En años recientes también curó grandes muestras en la Fondazione Prada de Milán y Venecia, Garage (Moscú) y S.M.A.K. (Genta). Roelstraete ha realizado numerosas publicaciones sobre arte contemporáneo y temas filosóficos afines en diferentes catálogos y periódicos.

También le puede interesar