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Poesía
Cé Mendizábal

Cé Mendizábal
Foto: © Ive Paz Soldán

De Cé Mendizábal

Cé Mendizábal (Oruro, 1956) es poeta, narrador y periodista. Obtuvo el Premio Nacional de Novela en dos ocasiones (Alguien más acargo, 2000 y Pasado por sal, 2014). También ha publicado un par de libros de cuentos. Sus poemarios son: Regreso del agua (1994), Inmersión de las ciudades (1998), En el cóncavo privilegio de la desmemoria (2004), Negro hilar (2007) y Cortado de un cuervo (2016).
 

Además de poesía has publicado narrativa. ¿Qué diferencias o similitudes encuentras, a la hora de escribir, entre ambas formas de expresión?

Son registros diferentes que giran sobre la noción central de toda literatura: decir algo. Mientras narras, te atienes y juegas con una historia: la retrasas, la alargas o incluso la cambias. En el otro extremo, la poesía se mueve en el campo de lo sagrado porque nombra, es decir, pone nombre a las cosas. El libro del Génesis dice que Dios trajo los animales a Adán para que les pusiese nombres. El abrasador sentido de esto marca de manera definitiva algo que después terminó convirtiéndose en oficio de quemadura: el de poeta. Nombrar es todavía la forma que tenemos de hacer luz en la oscuridad, de arrebatarle sentidos a la muerte. Las palabras hacen cosas, dicen algunos filósofos. Es así. 

También eres un destacado periodista. ¿Cómo se conjugan periodismo y literatura? O, en caso de que no trabajes como periodista actualmente, ¿se puede dejar de ser periodista, en contraposición a lo que suele afirmarse de que aún no escribiendo uno no deja de ser escritor? 

En mi caso el periodismo fue una forma de ganarme la vida, y soy un agradecido a eso. Es curioso, pero mientras terminaba la universidad, veía mi futuro en el ámbito académico. Mi llegada al periodismo fue por invitación de mi amigo Mauricio Souza. Pero una vez en él, ya no quise salir. Una vez más, hablamos de actividades que están centradas en el ejercicio de lo verbal. Tal vez lo que me mantuvo más cerca de la literatura, como arte, es el hecho de que en los periódicos en que trabajé siempre me hice cargo de los suplementos literarios o la sección de opinión. De algún modo eso me tuvo alejado del reportaje diario como tal... Y, sí: escribir es una actitud de vida, una forma de asumir el mundo. Eso hace que a veces un escritor no necesite escribir...


Tu más reciente libro, Cortado de un cuervo, es un poema extenso. ¿Cómo fue el proceso de su escritura y en qué estás trabajando ahora?

En su instancia práctica, la escritura de este poema parte de la certeza extendida de que la mente suele estar más clara después de dormir. Es como si una poza, que estaba turbia y agitada al momento de acostarse, entrara en un estado de quietud que permitiera asentar sus sedimentos para posibilitar la presencia y el flujo de una claridad insospechada. Tanto de las ideas como del lenguaje. Es en ese tren que Cortado de un cuervo, algo así como un corte a las últimas oscuridades de la noche, las más certeras, se desarrolló a través de muchos amaneceres en mi cama, ahí, al lado de mi almohada sobre un cuaderno. Se trató de un flujo casi sin interrupciones y que, como tal, viene, en gran medida, en “estado puro”, es decir, casi sin correcciones, salvo errores obvios y alguna añadidura. Eso hace que el corte mantenga la forma original.
El modo en que se dio Cortado de un cuervo, hace que lo considere mi libro más íntimo, acaso el más importante, aunque dejaría esto último a la crítica. Por hoy mis días transcurren entre pintar, o intentar pintar, y escribir una novela y también poesía.  Sólo Dios sabe si estas cosas llegarán a buen puerto.  








 

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