Energías Renovables El lento despegue de las energías alternativas en Chile

Los parques eólicos aún no son frecuentes en el paisaje chileno, algo que podría cambiar radicalmente si se decide impulsar este tipo de energía.
Foto: © Ramón Cutanda López

Las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) representan cerca del 10% de la electricidad que actualmente se produce en el país. Aunque se realizan esfuerzos públicos y privados en este ámbito, el avance de las fuentes energéticas no tradicionales en suelos chilenos es pausado y no va acorde con la necesidad de producir mayor energía y de la forma más sustentable posible.

En un año marcado por la sequía, uno de los sectores más perjudicados es el hidroeléctrico, conocido por ser uno de los dos grandes motores energéticos que tiene Chile en la actualidad. Como sabemos, sin agua no se puede producir electricidad. El otro gran articulador, el termoeléctrico, depende del carbón o del petróleo, con los consecuentes costos ambientales y monetarios que implica el uso de estas fuentes energéticas. Si a eso sumamos que gran parte del gas debe ser importado, la pregunta lógica que surge es: ¿por qué las fuentes solares, marítimas o eólicas no cumplen un rol más preponderante en el territorio nacional?  “Chile no está a la vanguardia. El impulso para las ERNC debió haber sido por lo menos hace diez años”, afirma Darío Lafferte, investigador post-doctoral de la Universidad de Kassel e integrante de la Red de Investigadores Chilenos en Alemania (INVECA).

Para este investigador “no existe una vinculación real entre la industria y las universidades chilenas. No basta con generar nuevas políticas o nuevas leyes, hay que impulsar la investigación científica para dar respuesta a los problemas técnicos de Chile. La integración de las ERNC, más allá de los aspectos medioambientales y de sustentabilidad, es de vital importancia para lograr una independencia energética y, de esta manera, fomentar el desarrollo del país.”
 
Se trata de un desafío que las actuales autoridades de gobierno se han tomado en serio. El programa de la presidenta Michelle Bachelet se comprometió a aumentar la participación de las ERNC para que “en el año 2025 un 20% de las inyecciones de electricidad provengan de fuentes limpias y propias”, dice Lafferte.
 
En este sentido, Chile posee condiciones excepcionales para el desarrollo de algunas ERNC. Un ejemplo claro es la zona norte del país. En este territorio –donde las fuentes hídricas escasean y donde se concentran los proyectos mineros más importantes del país– existen las mejores condiciones para producir energía solar. Se trata de cielos privilegiados, los mismos que se han ganado una fama internacional por ser óptimos para la investigación astronómica.

La barrera tecnológica

Tal como ocurre en otros rubros productivos y sectoriales de Chile, una de las grandes barreras para desarrollar energías alternativas es la ausencia de tecnología. Una vez más, el país tiene la materia prima, pero no las herramientas para explotarla y ser pioneros en su uso. 
 
“La mayoría de las tecnologías que ingresaron a Chile vienen del extranjero. Además, hay muy poco énfasis en el fortalecimiento de las capacidades de las industrias locales para participar en las oportunidades de negocio”, comenta el Dr. Shahriyar Nasirov, investigador de la Universidad Adolfo Ibáñez y de Solar Energy.
 
Este especialista en mercados energéticos y en energías renovables asegura que “los países desarrollados como Alemania, Dinamarca, Japón y Estados Unidos han logrado una ventaja significativa en tecnologías de energía renovable, que les permitió construir clusters industriales fuertes y condiciones de inversión favorables para las tecnologías innovadoras. Sobre esta misma materia Nasirov añade que “esta estrategia los ayudó a establecer una ventaja al ser los primeros en las exportaciones de tecnologías en el comercio mundial y en la competencia por las tecnologías renovables. Sin embargo, las tendencias indican que la revolución de las energías renovables está todavía en curso y que se están moviendo más rápido que nunca.”
 
En un futuro cercano, las economías emergentes en el rubro de las ERNC –como China, India e Indonesia– podrían jugar un rol importante e incluso destronar a aquellas que fueron pioneras. Sus menores costos de producción, por ejemplo, podrían ser un factor relevante para ganar una posición de mercado más destacada.
 
Siguiendo la misma lógica, “Chile debe actuar con urgencia para tomar su lugar en el nuevo orden mundial de la energía. También podría ser un punto decisivo para que el gobierno de Chile se beneficie por el hecho de ser el primero en este campo en la región de América Latina y se convierta en un centro regional de la tecnología verde, en especial de la solar, donde Chile tiene fuertes ventajas comparativas”, sostiene Nasirov.

Importación de modelos y primeros avances

Otra de las dificultades que Chile debe enfrentar en la actualidad en materia de energías no convencionales es la incorporación de fórmulas foráneas de desarrollo energético que muchas veces no responden a las características y necesidades propias del país.
 
Al respecto, Darío Lafferte indica que “no se trata tan solo de impulsar proyectos, sino también de desarrollar investigación científica enfocada en el caso chileno, y considerar los factores y variables de acuerdo a las condiciones específicas que presenta el país. Por ejemplo, los sistemas eléctricos chilenos poseen estructuras longitudinales y grandes distancias entre los centros de generación y consumo. Esto lleva a grandes dificultades en la regulación de voltaje en las redes y en la estabilidad del sistema.”
 
Aún así, Chile se las ha arreglado para dar pasos en la dirección correcta e incluso para marcar una pauta en la región. Una muestra es el inicio de la construcción de Cerro Pabellón, la primera central geotérmica de Sudamérica. El proyecto de Enel Green Power y Enap, una iniciativa público-privada ubicada en Antofagasta, generará 340 GWh al año –cuando comience a operar en 2017– la misma energía que requieren 154.000 hogares chilenos en la actualidad.
 
Por otro lado, es relevante resaltar que en junio de este año el gobierno chileno firmó un convenio con su par francés para la instalación en el país de un centro de investigación y desarrollo aplicado a la energía de los mares, iniciativa bautizada como MERIC (Marine Energy Research and Innovation Center). Esto posicionará a Chile como un referente regional y mundial en materia de energía marina, algo muy apropiado a la geografía chilena, la cual posee una costa que supera los 4.300 kilómetros de longitud.
 
Chile comienza a pagar sus deudas en materia energética y lo hace a través de las ERCN, fuentes que debieron tener hace años un rol más protagónico y que finalmente están logrando alcanzar el lugar que se merecen.