La conexión Chile-Alemania en la cultura tecno Surfing on a Rave

Después de la dictadura, toda una generación en Chile sintió ansias de una nueva identidad, que finalmente buscó y encontró en la naciente cultura tecno. Alemania fue un motor esencial en este proceso. El intercambio dio lugar a la rica historia de la “conexión chilena”.

1994. Toda Alemania vibra. El país recientemente reunificado se transforma en testigo de una atmósfera de cambio que retumba rítmicamente. El este y el oeste se funden en el crisol común de una fiesta rave. La polémica “sociedad del placer” encuentra una nueva sensación vital en un hedonismo furioso, y así les da su movimiento político-cultural a los hijos del Muro que están en busca de una identidad propia. “The message is Feierei und this is all about gude Laune, Leude” (“La consigna es festejar, lo importantes es la buena onda, amigos”), declara el precursor tecno Sven Väth. Lo que une a los ravers es un sentimiento de paz logrado a través del trance colectivo que se da en el baile frenético, y también la perspectiva de poder crear de la nada algo completamente nuevo.  

Al principio era la oscuridad

Este espíritu pronto llegaría a Chile, país que en esa época también se enfrentaba a un nuevo comienzo. Tras muchos años de censura estatal, con el final de la dictadura las corrientes culturales del otro lado del océano pudieron fluir sin ser estorbadas. En muchos relatos, 1994 constituye la hora casi mítica de nacimiento de una escena electrónica made in Chile, en la que Alemania jugó un papel esencial.

La leyenda dice que todo comenzó con un eclipse de sol el 3 de noviembre de ese año. Cuando la luna convirtió el día en noche, cientos de ravers de todo el mundo peregrinaron en la península de Atacama hacia Arica, para celebrar el acontecimiento con una fiesta al aire libre. La idea vino de organizadores de Santiago y Frankfurt, y recibió el apoyo financiero de la marca de ropa Pash. El festival Eclipse se convirtió oficialmente en la primera fiesta rave de Chile.

Entre los DJs invitados se encontraba el entonces desconocido chileno-alemán Ricardo Villalobos. Hoy es una de las figuras más influyentes de la llamada “conexión chilena” y su presencia ya es algo natural en las discotecas más importantes del mundo.

Un pionero baila liberando caminos

Nacido en Santiago, Villalobos vivió allí tres años hasta que en 1973 su familia se exilió en Alemania, en los alrededores de la ciudad de Darmstadt. En tierras extrañas, los sonidos de la patria fueron su base musical. Sonidos que aún siguen palpitando en sus beats de hoy. El joven Villalobos se entusiasmó al ver que la percusión y la voz eran suficientes para hacer que un grupo de gente bailara eufóricamente. El camino al tecno no estaba lejos.

Sin embargo, Villalobos volvía una y otra vez a sus raíces chilenas. Con cintas de mezclas alemanas en el equipaje, viajó cada verano a Santiago, donde a comienzos de los años noventa pasó mucho tiempo con los músicos de la aún incipiente escena tecno. Entre ellos se encontraban jóvenes como Luciano o Adrian Schopf, que habían vivido en el exilio europeo o tenían parientes allí, y que tempranamente ya habían experimentado con híbridos ritmos maquinales y tropicales. Las amistades se multiplicaron; había nacido la “conexión chilena”.

¿La primera fiesta rave fue en 1994?

Chica Paula, la hermana mayor de Adrian Schopf que hoy vive en Berlín, pertenece también a esa primera generación de la “conexión”. Sin embargo, Paula Schopf no vivió la determinante adolescencia en Alemania, sino en Chile después del exilio. Por eso sabe que el año 1994 no fue un bautismo de fuego: “¡Teníamos música electrónica desde hacía mucho antes!” La atmósfera que se dio en el festival Eclipse fue solo la continuación de un sentimiento vital de un movimiento que ya existía, aunque de forma rudimentaria, en 1986 o 1987.

El regreso a Chile en 1979 había separado a la familia Schopf. El padre y un hermano, Martin, que bajo el pseudónimo Dandy Jack también trabaja exitosamente como DJ, se quedaron en Alemania. Paula, por su parte, supo utilizar esto y se hacía traer, como muchos jóvenes de su edad, mixtapes con esos sonidos de Europa que señalaban el futuro y no podían llegar al país por medios convencionales. “Para nosotros esa música era vanguardia y rebelión”, cuenta Schopf, “pero, por otro lado, las circunstancias determinaban que fuera más bien un refugio para las capas más altas de la sociedad, las de mayor formación. No era un fenómeno de masas, como aquí en Alemania.” Pero, aunque aquella generación irrumpió con toda su energía sólo después de la dictadura, el terreno ya estaba preparado desde antes.

Hoy es mañana desde ayer

Entre 1994 y 2000 los DJs y productores chilenos viajaron en masa al epicentro del tecno, Berlín, y se inspiraron en una escena que ya estaba muy diversificada.

Uno de ellos fue Andrés Bucci y a él lo siguieron sus hermanos Pier y Juan Pablo, que tuvieron un papel importante en la “conexión”. Pier Bucci comenzó su carrera con el único sello especializado en el intercambio chileno-alemán, llamado programáticamente Ruta 5. Fundado por Dandy Jack, hoy lo dirige Chica Paula, su hermana. A pesar de que los integrantes de la “conexión” tienen fuertes lazos entre sí, se resisten a ser concebidos como un colectivo. Al fin y al cabo, todos ellos son innovadores.

Lo mismo ocurrió con Matías Aguayo, quien creció en el exilio en Renania. Algo apartado del círculo de Villalobos, tuvo muchos éxitos con el sello Kompakt, de Colonia, antes de fundar el suyo, Cómeme. Además, desde 2006 su nombre es sinónimo de las legendarias fiestas Bumbumbox: presentaciones espontáneas, parecidas a flashmobs, de música electrónica en las calles de Latinoamérica, que muchas veces fueron disueltas por la policía. Sobre esto opina Aguayo en una entrevista con el periódico británico The Guardian: “La música dice mucho más sobre las condiciones en que ha surgido que sobre sus intenciones.”

Hoy el tecno, el drum’n’bass o el goa trance han llegado a las capas medias de la sociedad chilena. Sin embargo, sigue siendo tan difícil como antes poder ganarse la vida sólo haciendo música. Nuevos sellos y nuevas condiciones hacen que otra generación se exilie voluntariamente en Alemania y continúe escribiendo la emocionante historia de la “conexión chilena”.