La literatura policiaca alemana
Entre el terruño y la crítica social

Das Label Krimi kann weit gefasst werden.
Das Label Krimi kann weit gefasst werden. | Foto (Ausschnitt): © JiSign – fotolia.com

Bastante atrás queda ya la época en que se miraba la novela policiaca con toda la precaución del mundo y se la dejaba de lado por considerarla literatura de entretenimiento sin más pretensiones. En las mejores novelas del género encontramos planteadas críticamente cuestiones políticas, sociales e históricas.

Asesinatos y homicidios, instintos criminales y móviles agravantes... Entre los diez primeros lugares de las listas de libros más vendidos en Alemania encontraremos casi siempre novelas policiacas o thrillers. Entre el 30 y 40 por ciento de la creación literaria editada anualmente en el país puede encuadrarse en la literatura de suspense. El término, en cualquier caso, tiene contornos imprecisos: por tal se entiende todas las obras a las que editoriales ponen tal etiqueta, y, por tanto, no solo novela policiaca y thrillers, sino también el género fantasy, ciencia ficción o historias de horror.

La mayor parte la forman traducciones de obras provenientes ante todo de Inglaterra y los EE.UU. Pero desde el cambio de milenio han proliferado sensiblemente las novelas policiacas y thrillers alemanes.

Idílicas historias de asesinato en entornos bien conocidos

De gran preferencia goza desde hace varios años la denominada “literatura policiaca regional”: historias con marcadas referencias locales, protagonizadas normalmente por personajes con idiosincrasia y escritas a menudo en un estilo humorístico estentóreo. El caso policial en sí mismo se convierte aquí rápidamente en una cuestión accesoria. Hoy, sin embargo, parece que la geografía alemana ya no da mucho más de sí. La acción, en cambio, y aun siguiendo el mismo patrón narrativo, se traslada ahora a países colindantes: a la Provenza, la Bretaña o la Toscana; es decir, a comarcas donde gusta de hacer sus vacaciones el estrato social intermedio que lee novela policiaca.

Muy similares al género policiaco local por su naturaleza y por el tono son las novelas policiacas facturadas a medida de grupos destinatarios específicos: puede tratarse de historias policiacas con gatos, perros o cerdos, o de saúcos metidos a detectives, y también hay novela policiaca para aficionados al té, para gourmets y para amantes del vino, hasta completar una lista casi interminable. Los thrillers, por su parte, son también pieza fundamental de la literatura alemana de suspense. Moldeados en muchos aspectos a semejanza de sus modelos angloamericanos, muestran tendencia creciente a emplear métodos de asesinato cada vez más drásticos y giros argumentales cada vez más insensatos.

Intrincadas relaciones entre política, economía y crimen

Pero el panorama cambia completamente al alejarnos de las listas de superventas. En julio de 2015, Havarie de Merle Kröger se situaba por segunda vez consecutiva en cabeza de la lista Krimizeit de los mejores libros policiacos, una clasificación publicada mensualmente en el semanario Die Zeit que es elaborada por críticos y expertos en el género. Con un enfoque casi cinematográfico, la novela trata una cuestión tan actual como es la de los refugiados y atestigua, en páginas densas y complejas, la amplitud que puede llegar a tener la etiqueta “literatura policiaca”.

Que la localización regional concreta tampoco tiene por qué desembocar en trivialidades lo muestran, por su parte, los relatos ambientados en Fráncfort de Jakob Arjouni, fallecido en 2013, y las novelas policiacas de Robert Brack, tanto las históricas como las que se desarrollan en época contemporánea. Igual profundidad caracteriza asimismo las novelas de Christine Lehmann (cuya Lisa Nerz es uno de los personajes femeninos más emocionantes de la novela policiaca alemana) o de Robert Hültner.

También siguen conservando su influencia decisiva por su estilo y relevancia viejos maestros como Frank Göhre, uno de los pocos representantes en Alemania del género negro –un subgénero de la novela policiaca–, o Detlef B. Blettenberg, con sus relatos de peripecias internacionales sobre las relaciones entre economía, política y crimen.

Otros autores que miran también más allá de las fronteras nacionales en busca de intrincadas circunstancias internacionales son Oliver Bottini en su thriller recién aparecido Ein paar Tage Licht (i.e., Unos pocos días de luz), que trata el tema del tráfico de armas, Bernhard Jaumann con sus novelas ambientadas en Namibia y André Georgis en su debut literario Tribunal, un thriller político con el trasfondo de la guerra de Kosovo. Zoë Beck, en cambio, sitúa exclusivamente en Londres la acción de Schwarzblende (i.e., Fundido en negro), una novela sobre terrorismo y la instrumentalización de los medios de comunicación. Por su parte, Max Annas nos lleva a Sudáfrica en Die Farm (La granja), su debut literario elaborado al modo de una pieza de teatro de cámara. Esta penetrante relato de una sociedad desgarrada al máximo fue distinguido con el Premio Alemán de Literatura Policiaca de 2015. Caso aparte es y ha sido Friedrich Ani, que dedica sus novelas policiacas a ceder la palabra a los excluidos sociales.

Un examen literario de la realidad

Dichos autores tienen un punto en común: se toman en serio la novela policiaca en tanto que género literario. Para ellos, la literatura policiaca, o en su caso el thriller, es la forma idónea de indagar en la confluencia y los límites de política, sociedad, economía y crimen. “Los escritores están aprovechando al máximo el potencial de la literatura detectivesca”, refiere Sonja Hartl, redactora jefe de la revista Polar Noir. Tobias Gohlis, portavoz del jurado de la lista Krimizeit, subraya por su parte: “No nos encontramos aquí ante ningún realismo figurativo primitivo. Son escritores que se enfrentan a nuestra realidad empleando recursos literarios sofisticados y tratando cada uno temáticas completamente diferentes.”

Los profesionales del libro están convencidos: las escritoras y escritores policiacos alemanes realmente buenos están experimentando más intensamente que nunca con el idioma, la estructura y los temas, y cada vez se ocupan más de cuestiones políticas y sociales. En contraprestación, no deja de crecer su audiencia dentro del público lector. En resumen, parece que el género policiaco alemán ha llegado a entender la importancia de que las obras tengan buena factura: hoy puede constatarse un proceso de profesionalización en cuanto a estilo, lenguaje, trama y caracterización de personajes. Ahora se da por hecho que hay que mirar en todas direcciones más allá de las propias cuatro paredes. Así, en opinión del crítico Ulrich Noller, Zoran Drvenkar (Still) es el ejemplo de una nueva generación de escritores que dan completamente por hecho que se mueven dentro de un contexto mundial de cultura literaria pop. Y, en este sentido, los límites del género son algo cada vez menos relevante, ya que de lo que se trata es de enfrentarse a la realidad mediante recursos literarios; se trata, pues, de literatura.

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