Inteligencia artificial El robot humano llama a la puerta

En el futuro, los robots humanoides se parecerán mucho a los hombres. Sin embargo, todavía tienen un largo camino que recorrer.
En el futuro, los robots humanoides se parecerán mucho a los hombres. Sin embargo, todavía tienen un largo camino que recorrer. | Foto (detalle): © picture alliance/Westend61

Redes internacionales de investigación trabajan en robots que se parecen a los humanos no sólo en la capacidad intelectual sino también en los movimientos y la conducta. Pero seguramente pasará un buen tiempo hasta que una inteligencia artificial pueda mirarnos de igual a igual.

En 2013 la Unión Europea inició el Proyecto Cerebro Humano (HBP) con una meta ambiciosa : desarrollar en diez años una inteligencia artificial (IA) que alcance una potencia de cálculo de un exaflops. Un exaflops corresponde a un rendimiento de 1018 operaciones por segundo, es decir, un número mayor al de las estrellas de la Vía Láctea y de la galaxia Andrómeda juntas (FLOPS: Floating Point Operations per Second; exa: un trillón, o sea un uno con dieciocho ceros o 1018). Desde el nacimiento, cada ser humano dispone de una versión compacta de semejante computadora: el cerebro. En consecuencia, el HBP pretende lograr en diez años algo para lo cual la evolución necesitó miles de millones de años. 

Eficiencia superior gracias a la cooperación

El primer paso de este gran proyecto, del que participan instituciones científicas y empresas, fue la construcción de una red internacional de investigación. Allí hoy pueden dialogar entre sí neurocientíficos, informáticos y demás especialistas de diferentes disciplinas. Juntos examinan el cerebro humana de modo tan exhaustivo como nunca antes, comenzando por el plano molecular, hasta las conexiones que posibilitan los complejos procesos cognitivos. Dado que estas investigaciones tocan cuestiones éticas, también forman parte del proyecto filósofos.
 
Para que una cooperación de tales características funcione sin problemas debe mejorarse el intercambio dentro de la comunidad científica. Hasta ahora no hay criterios internacionales para la investigación neurológica, y los resultados se estructuran de modo diferente según cada organización. Eso vuelve difícil recopilar en un modelo unitario el estado actual de las investigaciones. Esto ha de cambiar con el HBP: investigadores de todo el mundo podrán acceder a los nuevos conocimientos que surjan y también utilizarlos para proyectos propios. Por eso además se construirá una plataforma internacional que organice de modo unificado los datos neurocientíficos. Después, los conocimientos podrán utilizarse, por ejemplo, para la investigación médica. 

Una Inteligencia Artificial con quien darse la mano

Mientras en Ginebra se examina la estructura del cerebro, los investigadores de Múnich trabajan en un robot que pueda asemejarse al cuerpo humano en toda su sutileza. Este robot, llamado Roboy, dota al proyecto HBP de un rostro, de extremidades, tobillos, meneo y parpadeo .
 
La historia de Roboy comenzó en 2013 en la Universidad de Zúrich, donde informáticos, ingenieros y especialistas en mecatrónica se unieron para desarrollar un robot que –desde el punto de vista técnico– no se quedara en nada detrás del hombre. Los investigadores vinieron de todas partes de Europa e incluso trajeron compañeros de otros continentes. Por ejemplo, con su conocimiento sobre el sistema de control de los músculos, investigadores de la Universidad de Melbourne hicieron un aporte que resultó decisivo para el software que debe administrar las capacidades motoras de Roboy. En contrapartida, se les dio un valioso hardware para su propio proyecto.

El robot Roboy ya sabe andar en bicicleta y manejar un tocadiscos. En 2020 podrá dar diagnósticos médicos. El robot Roboy ya sabe andar en bicicleta y manejar un tocadiscos. En 2020 podrá dar diagnósticos médicos. | Foto: © Roboy 2.0 – roboy.org Ahora el robot se ha mudado a la Universidad Técnica de Múnich, donde cada semestre un nuevo grupo de estudiantes de diferentes disciplinas trabaja para aportarle algo nuevo. Por ejemplo, le enseñan a conversar con dos personas al mismo tiempo o a tocar el xilofón. Todos los nuevos conocimientos adquiridos se ponen a libre disposición en una plataforma de robótica en Internet. Dese la mecánica de sus pies hasta el esquema eléctrico que permite que sus ojos vean, toda la anatomía del robot se explica en el portal de código abierto y se puede descargar, de modo que cualquier lego, investigador o fanático de la tecnología puede acceder a ese saber técnico y seguir desarrollándolo.
 
Y el pequeño robot aprende a toda velocidad: Roboy ya sabe andar en bicicleta y manejar un tocadiscos. En el futuro lo esperan los oficios de camarero y carpintero, que exigen una extraordinaria versatilidad motora. 

Tan parecido al hombre como ninguna máquina anterior

¿Y en 2023? Para entonces el HBP deberá haber cumplido su objetivo y desarrollado una computadora que no se quede en nada detrás del cerebro humano. Sin embargo, todavía hay algunas barreras que superar. Por ejemplo, para alcanzar el rendimiento de un exaflops falta dar varios pasos tecnológicos. Si se quiere emular aunque sea sólo en sus fundamentos la velocidad y la capacidad del cerebro humano se necesita una cantidad enorme de energía. Esto presupone a su vez un avance en el rendimiento energéticamente eficiente que también podría revolucionar la industria clásica.
 
Ahora bien, si se superan esas barreras, el futuro de Roboy será impresionante: fusionado con el "cerebro" de exaflops, podría parecerse a un humano como ninguna máquina anterior. Esto, naturalmente, plantea cuestiones éticas fundamentales: por eso un comité especializado acompaña de cerca al proyecto... por otro lado, la mirada seductora de Roboy y su máxima "Be friendly" garantizan que nadie se sentirá amenazado si se encuentra con él.