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Quehaceres domésticos y cuidados
¿A quién le importa?

Altenpflegerin hilft älterer Frau mit einem Gehstock
ESon en su mayoría mujeres migrantes quienes limpian, atienden y realizan los trabajos de cuidados | Illustraión (detalle): Leigh Wells; © picture alliance / Ikon Images

En los actuales debates sobre los movimientos migratorios alrededor del mundo son los hombres quienes predominan en la imagen pública de la migración. Una mirada en los hogares privados y los asilos para ancianos nos abre los ojos a otra realidad que se ha vuelto evidente desde hace mucho: Son las mujeres migrantes quienes limpian, atienden y realizan los trabajos de cuidados.

De Karen Körber

Desde hace alrededor de tres décadas se puede observar una feminización de la migración, que no está libre de consecuencias para las familias en sus países de origen. De norte a sur y de este a oeste emigran mujeres de regiones más desfavorecidas a países más prósperos para trabajar ahí legal o ilegalmente como cuidadoras o empleadas domésticas.
 
Es cierto que las rutas migratorias propias de hombres o mujeres no son históricamente nuevas, pero en el transcurso de una creciente movilidad las mujeres constituyen en el mundo la mitad de personas emigradas, según cálculos de las Naciones Unidas, y el trabajo de cuidado se volvió para ellas el mercado de trabajo global más importante. La socióloga estadounidense Arlie Hochschild habla desde inicios del año 2000 de una “global care chain” (cadena global de cuidados) a la que se incorporan las mujeres para hacerse cargo de los hijos de padres trabajadores en sociedades prósperas, mientras sus propios hijos en sus países de origen son atendidos a su vez por otras mujeres de la propia familia o por empleadas contratadas.

Los costos emocionales son elevados

El hecho es que ni los países industrializados más avanzados ni los países menos desarrollados del sur han logrado una distribución equitativa de las labores domésticas y de cuidados entre mujeres y hombres, desde hace años hay estudios que muestran porque no se ve un final a la creciente crisis de abastecimiento en estas áreas. Debido a los salarios desiguales los países anfitriones pueden disponer de las mujeres como mano de obra barata sin asumir los costos de sus familias, pues estas permanecen en casa. Para los países de origen se aplica a la inversa, ya que dependen del dinero que las migrantes proporcionan a sus familias para financiar la vivienda, alimentos y educación. Después de todo estas remesas hacen una contribución esencial al ingreso nacional. En este sentido el Estado se aprovechan de un dilema que para las mujeres se puede describir de la siguiente manera: Su movilidad es una condición indispensable para la preservación de su familia.
 
Desde hace años se puede observar qué tan elevados son los costos emocionales para los parientes que viven separados entre sí por grandes distancias y periodos prolongados. Los avances tecnológicos quizás no cambien mucho la situación como las primeras investigaciones sugerían. Es cierto que la posibilidad de sobreponerse a la distancia y el tiempo a través del internet o los teléfonos móviles ha logrado la posibilidad de una mayor cercanía y una convivencia más rutinaria, pero también ocasiona nuevos problemas para los implicados. En parte se trata de desafíos prácticos en los que falla la comunicación porque, por ejemplo, los hijos son muy jóvenes y sus padres muy viejos para manejar los dispositivos correspondientes. Además no todos cuentan con el acceso a estos medios de comunicación en la misma medida. Esto depende tanto de los requisitos tecnológicos locales como de las posibilidades económicas de los miembros de la familia.

Maternidad a distancia

Por último son los propios medios de comunicación, con cuyas limitaciones se confrontan los familiares. Esto incluye por una parte el hecho de que la cercanía lograda se interrumpe irreversiblemente con el fin de la llamada, y por otra parte el hecho de que las interacciones se reducen a comunicaciones electrónicas mientras cualquier tipo de cercanía física es imposible. Estas limitaciones tienen como resultado que los miembros de familias transnacionales aprenden pronto a qué confiarse y qué no. Dicho de otra manera: Las nuevas tecnologías posibilitan a las migrantes formas de maternidad a distancia, mientras garantizan al mismo tiempo el apoyo material de la familia. Las mujeres no se ocupan entonces solamente en términos financieros de la asistencia de sus hijos a la escuela, y también pueden preguntar sobre sus deberes. Tomarlos en sus brazos no pueden.

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