Nueva escritura La muerte de la coma

Los signos de puntuación se inventaron para hacer más legibles los textos.
Los signos de puntuación se inventaron para hacer más legibles los textos. | © chorniy10 – Fotolia.com

SMS, chats, posts: una nueva forma de escritura se está imponiendo en nuestra vida diaria. La ortografía y la puntuación son cada vez menos importantes. Esto no deja de plantear algunos problemas, opina el asesor de escritura y periodista Markus Reiter.

Señor Reiter, ¿qué piensa usted como asesor de escritura y antiguo redactor de periódico cuando lee los mensajes de texto o los chats?

Lo entiendo como un lenguaje para un grupo de entendidos, como un sociolecto escritural. Si, por ejemplo, miro lo que escriben los chicos de catorce años en WhatsApp, tengo que buscar el significado de muchas abreviaturas.

¿Le parece grave?

No, en principio no. Los jóvenes siempre han intentado distinguirse de los adultos hablando de un modo propio. El lenguaje no sólo sirve para comunicarse, sino también para delimitar. Es otra cosa la que me preocupa de los modernos modos de escritura.

Me llama la atención que muchos autores –es decir, no sólo jóvenes en el chat, sino también escritores profesionales– tienen una actitud cada vez más laxa respecto al texto. Casi parece que se ha incorporado a textos más largos cierta manera de escribir propia de la redacción de mensajes breves. Esto puede verse, por ejemplo, en la desaparición de la coma.

¿Y cuál sería el problema?

Si la coma desaparece en mensajes de WhatsApp no es ninguna catástrofe. Pero es un problema cuando sucede en textos más largos, que aspiran a transmitir al lector pensamientos más complejos, es, decir algo más que informar qué acabamos de almorzar. Los signos de puntuación se inventaron por un buen motivo: para estructurar las frases en segmentos de sentido y así hacer los textos más legibles.

¿Regreso de la oralidad?

¿Desde cuándo se usan los puntos y las comas?

En la temprana Edad Media todavía no se utilizaba ningún signo de puntuación. Ni siquiera se tomaban la molestia de separar las palabras mediantes espacios en blanco. Fue a lo largo del siglo XII que los escribas de los monasterios comenzaron a separar gráficamente las unidades gramaticales, por ejemplo, la oración subordinada y la principal. Se dieron cuenta de que así era mucho más fácil leer.

Y esto tiene que ver con el modo en que nuestro cerebro procesa los textos. La investigación ha mostrado que para los conceptos recurrentes tenemos archivadas imágenes verbales que comparamos con lo que leemos. Si las imágenes coinciden, podremos comprender rápidamente; si no, tendremos dificultades.

¿Podríamos decir entonces que estamos viviendo una especie de retorno a un oralidad textual que por buenas razones hemos abandonado hace tiempo?

Aquí es preciso hacer una diferenciación. En sí acercar la escritura a la lengua hablada es una evolución absolutamente positiva. Por lo general, si intentamos escribir como hablamos, los textos se vuelven más comprensibles. En el mundo anglosajón hay una maravillosa tradición de enriquecer textos científicos con elementos narrativos. Pero esta práctica constituye un arte difícil que a su vez presupone un duro trabajo en el texto.

La otra forma de oralidad escrita se caracteriza, sin embargo, por el poco esfuerzo que se realiza al escribir. Quien piense que puede escribir un texto para el gran público igual que como se redacta un espontáneo posteo de Facebook para sus amigos no tiene idea del esfuerzo que le estará imponiendo a sus lectores.

En el fondo lo ideal sería dominar las dos cosas: el código del grupo de pares y los estándares de un lenguaje comprensible para todos.

Lamentablemente, en mis seminarios veo una y otra vez que para muchos es muy difícil pasar de un código a otro. Si usted le pide a expertos de mercadeo o tecnología informática que vuelvan su código más comprensible para los de afuera, en muchos casos no sabrán hacerlo. A menudo sólo ahí se toma consciencia de hasta qué punto ese modo de expresión se caracteriza por ocultar las imprecisiones con expresiones grandilocuentes El mismo problema existe también en la comunicación interna en las empresas.

A menudo me dicen: “Mi jefe me manda siempre correos incomprensibles y después tenemos que tratar de descifrar qué es lo que nos está pidiendo”. Esto no sólo es una falta de respeto para con los colaboradores, también cuesta tiempo.

La escritura como proyecto de élite

¿Cómo cree que evolucionará nuestro modo de escribir?

Es difícil decirlo porque el lenguaje esta sometido a un gran dinamismo. Tal vez la forma escrita vuelva a ser un proyecto de élite. Lo fue alguna vez y, según mi parecer, no es imposible que el campo de lo escrito vuelva a ser un dominio de expertos. Muchas personas leerán cada vez menos pero escucharán más y verán más videos. Ya hoy no es necesario poseer tanta competencia de lecto-escritura como antes.

¿Pero no se señala siempre que las jóvenes generaciones escriben más?

Es cierto, pero la cuestión es qué desarrollo experimentarán los formatos que plantean una comunicación sin texto. Tomemos el caso de Vine, un sistema para enviar videos de cortísima duración. O la aplicación Snapchat, cuyo funcionamiento se basa en el envío de fotos. O el manejo remoto de aparatos mediante la voz. Quizás experimentemos cada vez más un uso oral del lenguaje que, si se pone por escrito, se revele como una especie de oralidad escrita.
 
Markus Reiter | © Markus Reiter Markus Reiter | © Markus Reiter Markus Reiter es asesor de escritura y periodista. Fue redactor del suplemento cultural del Frankfurter Allgemeinen Zeitung y escribe libros sobre cultura, lenguaje, neurocienciencas y comunicación.