Digitalización y libertad “No basta con las tecnologías para afianzar las libertades”

Aceite © Moisés Patrício

¿Es internet un reflejo del deterioro político y social en que viven muchos países de la región? ¿O se trata más bien de un baluarte de la libertad y la capacidad creativa y expresiva de su gente? Una charla con Germán Rey, experto colombiano en medios, comunicación y cultura.

El siglo XXI comenzó bajo la idea de que “internet nos hará más libres”. ¿Qué le dice esa frase hoy?

Me dice que la idea de la libertad es tan fascinante y actual como compleja y en peligro. No terminas de evocarla, cuando aparecen conflictos y limitaciones. Internet ha ampliado las posibilidades de expresión y de circulación de conocimientos; ha permitido el surgimiento de estructuras reticulares inéditas, y ha transformado de manera radical algunas realidades sobre el encuentro y la información. Produjo formas nuevas, como las plataformas, las redes sociales y las aplicaciones; puso de cabeza al ecosistema mediático tradicional; amplió las posibilidades de la memoria; se insertó en la vida cotidiana, y entró a saco en los significados sociales de la confianza y la credibilidad. Como escribió Roger Chartier, al referirse a la lectura en las pantallas: “La revolución digital de nuestro presente modifica todo a la vez: los soportes de la escritura, la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer. Tal simultaneidad resulta inédita en la historia de la humanidad”.

Recorramos el panorama latinoamericano. ¿Qué es internet y qué es la digitalización en la región? ¿Y en qué medida han sido un espacio de libertad?

En Latinoamérica, internet no ha escapado de parecerse a las realidades más profundas del continente: la desigualdad, la diversidad, las inestabilidades de la democracia, la pobreza. Todo eso se manifiesta en la brecha digital que aún existe y que se ha ido disminuyendo en algunos países, en una expansión de internet más acelerada en la vida urbana que en la rural, y en una compleja asimilación de lo digital a la vida política, que trae oportunidades, pero que también reafirma problemas: la pugnacidad, la renuncia a la argumentación, el deterioro de la deliberación, la polarización.

¿Y cuál ha sido el impacto positivo?

La otra cara son la gran creatividad social para apropiarse de las tecnologías, las fusiones entre los nuevos dispositivos digitales y las manifestaciones populares, la maravillosa articulación entre la informalidad y aquello que Sheila Jasanoff llama las “tecnologías de la humildad”. Se refiere a los jóvenes capaces de incorporar a sus vidas los nuevos dispositivos y sus lenguajes, el ingreso de las artes y la cultura al ecosistema digital y, en algunos casos, los sentidos comunitarios que la gente ha encontrado en las innovaciones para sortear las dificultades.

¿Cuál ha sido la relación de la digitalización y la ampliación de las libertades?

La digitalización ha ayudado no solo a ampliarlas, sino también a garantizarlas. Eso ha sucedido por varios caminos, al estimular la expresión de los visibles, pero sobre todo de los invisibles, al aumentar los mecanismos de control social de los poderes, al acompañar la movilización o el estallido social, y al generar autonomías nuevas en poblaciones como las mujeres, los jóvenes y las diversas opciones sexuales.

Hablemos de medios nativos digitales. ¿De qué hablan en América latina y cuán libres son?

Un tema que me llamó la atención cuando dirigí el primer estudio sobre medios digitales informativos en Colombia en 2010 fue su gran diversidad, no solo porque se desplegaban por todo el país, sino también por los temas que trataban y las conexiones con sus comunidades. Ahora que en la Fundación Gabo hemos terminado la investigación sobre los medios nativos digitales en América Latina, esas constataciones son aún más fuertes. En doce países del continente hemos encontrado 1.521 medios digitales, que conforman un verdadero y activo hormiguero expresivo. Michel de Certeau decía que la cultura es un hormiguero, que suele proliferar en los márgenes. Y en Conocimiento local, Clifford Geertz recuerda un aforismo africano que dice que “la sabiduría se revela en un conjunto de hormigas”. Es lo que hemos encontrado en el panorama de los medios nativos digitales latinoamericanos. Se diferencian de los tradicionales, porque acentúan su carácter de servicio público, construyen agendas menos generales y más focalizadas, se relacionan con las audiencias como comunidades, afirman el trabajo colaborativo, y subrayan temas y actores que no siempre son centrales en las preocupaciones informativas.

¿Y cómo lo hacen?

Enfatizan historias, adoptan a la vez seriedad y desenfado en sus diseños; se inventan narrativas que interpretan no solo las motivaciones de los periodistas, sino también las complejidades de la realidad. Los temas más frecuentes son la preocupación medioambiental, el seguimiento a los poderes económicos, sociales y políticos, las acciones comunitarias, la educación, la ciencia y la salud. No son las aparatosas estructuras del pasado, sino hormigas que transitan por redes, múltiples pantallas, diferentes modelos de sostenibilidad y una flexibilidad técnica que llama la atención, inclusive en países como Cuba, Nicaragua o Venezuela, que tienen rígidos sistemas estatales de control. El hormiguero ensaya muchas maneras de ganar su libertad y producir desazón con sus picaduras. No está alejado del activismo y cuestiona algunas comprensiones canónicas de la tradición periodística como, por ejemplo, la objetividad o la imparcialidad.

¿Cómo valora la libertad en los grandes medios de Latinoamérica?

Los grandes medios no han renunciado a la libertad, pero la pusieron en peligro cuando empezaron a considerarse un poder. En su discurso de posesión en el Collége de France, Roland Barthes dijo esto: “El poder es legión, como el demonio”. Y después apuntó que está infiltrado en todos los mecanismos de la vida social, “hasta en los deseos liberadores que tratan de impugnarlo”. Es una afirmación terrible, pero veraz. Los compromisos de los grandes medios con otros poderes han sido evidentes, su voz en algunos momentos ha sido decisiva y valiente –frente a las dictaduras o el crimen organizado–, pero en otros se ha llenado de silencios y complicidades. Y la factura fue una inmensa pérdida de credibilidad y confianza: su capital más preciado.

Todo eso sucedió mientras internet crecía y la digitalización se expandía.

Sí, pero también en medio de la fractura del modelo de negocio de los medios y su debacle económica. Eso nos enseña que no basta con las tecnologías para afianzar las libertades; se necesita sentido de sociedad, apertura a la renovación, perspicacia para ver y descifrar los movimientos que se generan en la comunidad, participación consistente y un oído atento para escuchar las voces emergentes y sus llamados urgentes.

Perfil de Germán Rey, Fundación Gabo
https://fundaciongabo.org/es/comunidad/perfil/german-rey

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