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María Graciela Tellechea

Maria Tellechea
Foto: © Nestor Barbitta

María Graciela Tellechea (Argentina, 1980) es traductora literaria de alemán. Concluyó sus estudios de traducción en el I.E.S. en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” en 2012. Cursó dos años de la carrera Licenciatura en Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y algunos seminarios de la Maestría en Literaturas en Lenguas Extranjeras y Literaturas Comparadas que se dicta en la misma facultad. Ha participado de algunos proyectos de investigación relacionados con la traducción literaria y con la enseñanza de alemán como lengua extranjera. En 2017, por ejemplo, participó del Congreso de la Asociación Latinoamericana de Estudios Germanísticos (ALEG) realizado en Buenos Aires con una investigación acerca de Alfredo Cahn, el traductor y promotor de la literatura de Stefan Zweig en América Latina. Desde 2010 es docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
 
Participó de numerosos talleres de traducción y edición de literatura, seleccionada y becada por el Goethe Institut de la ciudad de Buenos Aires, de la ciudad de Córdoba, Argentina, y de la ciudad de México, entre otras instituciones. Ha recibido becas de residencia de traducción en casas de traducción como Looren (Suiza) o el Literarisches Colloquium Berlin (Berlín). También ha recibido becas de estudio por parte del Servicio de Intercambio Académico Alemán (DAAD).
 
Tradujo la novela corta Wörterbuch de Jenny Erpenbeck (La pureza de las palabras, Edhasa, 2014). En colaboración con Martina Fernández Polcuch tradujo la correspondencia entre Theodor W. Adorno y Gershom Scholem (Theodor W. Adorno - Gershom Scholem, Correspondencia 1939-1969, Eterna Cadencia, 2016), la obra de teatro Nirgends in Friede. Antigone de Darja Stocker (Sin lugar para la paz. Antígona, Biblioteca online de teatro alemán del Instituto Goethe, Ciudad de México, 2018), poemas seleccionados de Raphael Urweider para la revista literaria Luvina (Luvina, Letras suizas contemporáneas, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, N° 93, 2018) y de Timo Berger para la revista literaria Hablar de Poesía (Hablar de Poesía, Buenos Aires, audisea, N° 40, 2019). Actualmente trabaja en la traducción de la novela Töchter de Lucy Fricke (Rowohlt, 2018) que publicará la editorial Odelia este año.
 

Y, para ti, ¿qué es la traducción literaria? ¿Cuál ha sido tu experiencia y desafío más importante en la traducción hasta ahora?

Soy traductora literaria y si tuviera que definir por qué lo soy o qué me lleva cada vez a armar un nuevo proyecto de traducción podría sintetizarlo en un concepto del que habla Antoine Berman y retoma Patricia Willson: la pulsión traductora.
 
Es sabido que el deseo opera en muchos ámbitos de la vida como motor de la acción de querer hacer algo. En mi caso personal, cada uno de los textos que he traducido o que estoy traduciendo ha puesto en marcha por diversas razones el deseo de querer traducirlo y en cada caso, seguramente, ha activado distintos aspectos de él.
 
En el caso de Töchter de Lucy Fricke podría decir que operó en mí un deseo propulsado por las propias características del texto, es decir, la preponderancia de diálogos, humor, ironía y expresiones coloquiales, que reflejan y reproducen de modo excepcional el grado de confianza entre los protagonistas, y que implican un atractivo desafío a la hora de traducirlas. Pero además existió uno más íntimo motivado por una búsqueda personal en tanto hija y mujer que pertenece a la misma generación de las protagonistas y comparte con ellas visiones propias de la edad y el género. Desde la primera lectura me encontré a mí misma más de una vez en las voces principales de Töchter, en las entrañables Martha y Betty, pero también en sus posiciones frente a Kurt, el padre de Martha, y a los numerosos padres de Betty. Si bien la realidad o la historia de esa generación alemana de padres no es extrapolable (¿hay algo que lo sea acaso?) a la misma realidad de la generación argentina de los años sesenta y setenta, hay un aspecto constituido por lo meramente vincular en la relación hijas-padres (pero también hijas-madres) que sí se puede reproducir o intentar transmitir, aunque no sin estar atravesada por esa misma subjetividad de la que no es posible “escapar” a la hora de traducir al menos textos como este.
 
Siempre se habla de que en toda traducción se “pierden” pero también se “ganan” o se “rescatan” cosas. Me gusta pensar en la idea de que en ese abordaje especial y en la apropiación singular, subjetiva e individual de las voces que lleva impresas un texto se produce una especie de “salvataje” involuntario pero inevitable que culmina con la creación de una voz nueva, casi primigenia y única que a su vez encuentra resonancia en otras voces preexistentes.
 
 
María Graciela Tellechea

 

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