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Permacultura
Salvar el mundo con la agricultura

Al trabajar en sintonía con la naturaleza, la permacultura consigue un rendimiento cuatro veces más alto que la agricultura convencional. Sin química ni máquinas. ¡Suena increíble!, pero un ejemplo de que funciona son los proyectos agrícolas de Francia. ¿Será la solución para todo? Jonas Gampe lo demuestra y Saviana Parodi difunde la idea de la convivencia sustentable. Aquí conversan.

De Sabine Oberpriller

La permacultura es sustentable y libre de químicos, una muy buena alternativa a la agricultura industrial. Sus ideas unen la naturaleza, la economía y la sociedad. Fue desarrollada por el japonés Fukuoka y los australianos Bill Mollison y David Holmgren. En Europa, cada vez más personas recurren a ella.

Lo ecológico y lo orgánico son tendencia. ¿Cómo perciben ustedes este suceso?

Saviana Parodi: La cuarentena generó una consciencia más profunda. Las personas que vinieron a nuestros cursos el verano pasado no seguían ninguna moda: estaban motivadas de verdad. Así me percaté de que las emergencias reales —la enfermedad, la falta de comida, los problemas serios— son vías para que reconozcamos que vamos por mal camino.

Jonas Gampe: Lo que hay detrás de la tendencia es un deseo de comer de forma más sana. Eso es lo que mueve a la gente. Vuelven a relacionarse con su comida y no lo dan todo por sentado. ¡Muchos volvieron a cultivar sus propias cosas! En los siguientes años, el clima extremo va a desplazar a más personas. La humanidad será menos sana. La naturaleza nos muestra qué es lo que no está funcionando.

¿Qué es la permacultura?

J.G.: En el ámbito agrícola, yo explico la permacultura como un ecosistema comestible que se regula solo. Es una estructura con los mismos beneficios que la agricultura convencional y que revierte sus efectos secundarios negativos. Sin embargo, eso solo funciona si se conectan las estructuras ecológicas, económicas y sociales.

S.P.: Correcto. Desde hace 200 años estamos en la era industrial, en la que solo importan la producción y las ganancias, a costa de nuestra salud y de la del ecosistema. Por eso, el aspecto más emocionante de la permacultura es que la ética y la producción se unen. Si yo gano dinero sin respetar los derechos de las personas, de los animales ni de la naturaleza, la cosa no funciona. Si causo estragos en el Congo para obtener litio para coches eléctricos, eso no es ni ecológico ni ético.

En unos pocos años la humanidad tendría emisiones neutras.

¿Cómo se relacionan la agricultura y el cambio climático?

J.G.: ¡Ahí está el gran potencial! Si transformáramos toda la superficie agrícola con permacultura, en unos pocos años la humanidad tendría emisiones neutras. Ya no tendríamos que pensar en energía regenerativa.

¡Esa es una tesis provocadora!

J.G.: La capacidad regenerativa del planeta está al límite. La biósfera empieza a sufrir un colapso. La agricultura ocupa por mucho la superficie más grande de tierra del mundo. La agricultura industrial —tanto la conservadora como la orgánica— ha transformado todos los ecosistemas estables posibles en grandes monocultivos, con enormes efectos negativos. En la permacultura, el agua se retiene y se limpia; el viento no erosiona; el aire se humedece. Se crea un espacio vital.
 
  • Ejemplo de una alberca ecológica en un huerto permacultural © Foto: Saviana Parodi
    Ejemplo de una alberca ecológica en un huerto permacultural.
  • Construcción colectiva de un bar permacultural. © Foto: Saviana Parodi
    Construcción colectiva de un bar permacultural.
  • Construcción de una letrina de composta. © Foto: Saviana Parodi
    Construcción de una letrina de composta.
  • Cursos de permacultura: en la naturaleza y en la teoría. © Foto: Saviana Parodi
    Cursos de permacultura: en la naturaleza y en la teoría.
  • La casa Earthship de Saviana. © Foto: Saviana Parodi
    La casa Earthship de Saviana.
  • Comida sana y ecológica para los asistentes al curso de permacultura. © Foto: Saviana Parodi
    Comida sana y ecológica para los asistentes al curso de permacultura.
Sr. Gampe, desde inicios de 2021 presenta usted una granja de muestra como la prueba de que la permacultura es la mejor alternativa.

J.G.: Hasta ahora falta un ejemplo con la superficie de una plantación grande que demuestre su rentabilidad. El ajuste es un proceso a largo plazo, nosotros también empezamos con nueve hectáreas. Van a ser cien. Un primer paso es un sistema agroforestal, en el que se planten árboles y arbustos comestibles entre la estructura anual actual. Queremos demostrar cómo un gran agricultor puede producir una gran diversidad de especies de forma rentable en 2 mil hectáreas. Deben usarse las máquinas agrícolas mientras sigan funcionando. Luego tendrá sentido la agricultura solidaria, o un poco más de fuerza laboral.

Su vivero, por el contrario, fracasó por culpa de las autoridades. ¿Tenemos un exceso de reglamentos?

J.G.: La mayoría de los reglamentos tienen sentido para conservar el paisaje, la naturaleza y el agua. Sin embargo, en las superficies agrícolas podemos argumentar con nuestras especies comestibles y, en el caso de las reservas naturales, diciendo que todo en nuestro sistema sirve para proteger a la naturaleza. Lo fatal es que la política y las autoridades estorben a métodos con futuro. Y solo podemos soñar con los subsidios adecuados.

S.P.: No tengo idea de cuál sea la mejor manera de lidiar con la burocracia italiana. Pero de comuna en comuna es distinto. Yo fui y lo expliqué todo. Además, con nosotros está todo abierto, cualquiera puede venir, y ya entendieron que no me dedico a la especulación. Me aceptan como anomalía y me dejan en paz. Sin embargo, muchas otras personas intentan actuar acorde con las autoridades, lo que resulta complicado.

¿Cuál es su proyecto actual, Sra. Parodi?

S.P.: Según los estudios, el 4% de la población mundial usa el 80% de los recursos. ¡Yo no quiero formar parte de eso! En Bolsena tengo un terrenito de 7 mil metros cuadrados con una casa Earthship, un huerto y olivos... ¡abierta para todos! Obviamente con gusto le muestro a la gente que la vida es más sencilla de lo que creemos.

Al hablarle a la gente sobre otra forma de alimentación y dársela a probar, cambiamos lentamente la consciencia.

¿Cómo cambia nuestra alimentación gracias a la permacultura?

S.P.: En Occidente comemos mal, demasiado rápido y cuatro veces más de lo necesario. Por eso, nuestro cuerpo se deshace del 70% de la comida. En nuestros cursos comemos muy distinto. Al hablarle a la gente sobre otra forma de alimentación y dársela a probar, cambiamos lentamente la consciencia. Mi hija tiene 19 años y nunca ha estado enferma. Eso llama la atención, la gente pregunta. En veinte años, que es poco tiempo, he visto grandes progresos.

J.G.: Si se cambian las estructuras, muchas cosas cambian en automático. Si en un lugar hay ecosistemas diversos y comestibles, las personas quizás se alimenten de forma más diversa, tal vez usen más yerbas silvestres, frutas, moras y nueces, y menos cereales. Si fuéramos autosuficientes, la mayoría de la gente sería vegetariana: la cría de animales es más costosa.

S.P.: Pero no hay vuelta atrás. La evolución va siempre hacia adelante. La cuarentena nos dio muchos conocimientos, entre ellos, que no hace falta ser autosuficientes. Yo no lo era, pero mis vecinos tenían otros productos. Es importante tener una red local. Tenemos todo lo necesario a nuestro alrededor.

¿Cómo se ha desarrollado el interés en la permacultura en Italia?

S.P.: Me sorprendió que en los últimos quince años sucedió todo en mi región por sí solo: en el ámbito social, en el de la salud y en el económico. Un lindo ejemplo: como apenas si había un mercado para productos orgánicos, hace un par de años, un grupo contactó espontáneamente a todos los afectados —¡sin mi injerencia!— y se reunieron 70 personas en mi casa; yo ni siquiera estaba. Desde entonces, esa comunidad agrícola no ha dejado de crecer. La cuarentena lo aceleró. Todos estábamos tan conectados que aseguramos el suministro de productos en un santiamén. Pasaron muchas cosas, hubo apoyo para los más necesitados, formas nuevas de solidaridad. Ellos no usan el término. Pero para mí, eso también es permacultura.

J.G.: ¡Otra vez funcionó el principio comunitario! En Alemania hay mucha cooperación entre los grupos. Ya no todos se conocen... ¡por suerte! Ya somos demasiados.

El agua es su tema, Sra. Parodi. ¿Cómo recuperarla si ya no hay?

S.P.: Desde hace millones de años, toda la atmósfera está regulada por microorganismos. Están en todos lados: en el agua, en la tierra, también en nuestros cuerpos. El agua es esencial porque les brinda todo a los microorganismos. La calidad del agua es importante para tener una vida saludable. Para que, por ejemplo, el agua sea de calidad en un huerto ecológico, no puedo simplemente bombear agua subterránea, pues el agua es el elemento que guarda y transporta la energía y la información. Nosotros no hacemos eso, sino el agua y los microorganismos, que en principio son gotas de agua.
  • Este esquema muestra cómo debería plantarse un campo según la permacultura. Foto: © Jonas Gampe
    Este esquema muestra cómo debería plantarse un campo según la permacultura.
  • Permacultura típica: una cama de heno que no requiere mucho trabajo cultivada con calabazas, calabacitas y papas. © Foto: Jonas Gampe
    Permacultura típica: una cama de heno que no requiere mucho trabajo cultivada con calabazas, calabacitas y papas.
  • Nogales jóvenes en el parque permacultural de Jonas Gampe, en Bischbrunn. © Foto: Jonas Gampe
    Nogales jóvenes en el parque permacultural de Jonas Gampe, en Bischbrunn.
  • Las nueces y las castañas pueden brindar carbohidratos más sustentables que los cereales. © Foto: Jonas Gampe
    Las nueces y las castañas pueden brindar carbohidratos más sustentables que los cereales.
  • En el valle del Tauber está la granja de muestra más grande de Jonas Gampe y su equipo. © Foto: Jonas Gampe
    En el valle del Tauber está la granja de muestra más grande de Jonas Gampe y su equipo.
¿Cómo sucede eso exactamente?

S.P.: Solo un porcentaje de todos los microorganismos puede ser dañino, así que tenemos que aumentar la proporción de los útiles. En vez de eso, tenemos comida industrial llena de conservadores y otros venenos, y usamos una cantidad excesiva de medicamentos para combatir a los microorganismos. Con ese concepto falso de la higiene lo vaciamos todo: la tierra, los cuerpos de la gente y del ganado. Todo está tangiblemente arrasado, y cada vez nos va peor. Tenemos que volver a introducir microorganismos, comer cosas fermentadas, sustituir los jabones: para eso usamos, entre otras cosas, los restos de limones fermentados. Se pueden volver a introducir los microorganismos del bosque en el huerto... hay una infinidad de posibilidades.

J.G.: ¡Qué interesante! Como bióloga molecular, la Sra. Parodi está enfocada en las partes más pequeñas de la biósfera. Yo, que vengo de la praxis, me enfoco en las grandes interacciones. El efecto sigue siendo que los microorganismos se vuelvan a asentar. Venimos de dos direcciones distintas y llegamos al mismo objetivo: el ecosistema comestible.

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