IA y el mercado del libro
¿Máquinas que escriben novelas?

La IA en el mercado editorial sigue en pañales. Aún está en duda si una IA logrará algún día escribir el próximo Harry Potter.
La IA en el mercado editorial sigue en pañales. Aún está en duda si una IA logrará algún día escribir el próximo Harry Potter. | Foto (detalle): ©picture alliance/Bildagentur-online/Blend Images/Donald Iain Smith

En el ámbito del libro, la inteligencia artificial también es cada vez más importante. Algunas esperanzas son realistas; otras, más bien ciencia ficción.

De Matthias Bischoff

En los últimos años, el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) ha causado cambios radicales en muchos ámbitos. Sobre todo en la economía —y en particular en las ventas y la publicidad—, pero también en los procesos políticos de toma de decisiones, la IA se ha convertido en una herramienta potente con la que tratamos todos los días, casi siempre incrustada de forma invisible en apps o páginas de internet. El tema entusiasma a mucha gente: tan solo el sello de ciencias de Springer registra más de doscientos títulos en alemán sobre el tema, y más de 3,500 en inglés. Pero ¿qué hay de la utilidad de la IA en la industria editorial misma? ¿Qué posibilidades hay? ¿Qué visiones del futuro?

¿La inteligencia artificial como cerdo trufero?

Como sucede a menudo, en estas ramas más bien tradicionalistas se enfrentan los escépticos del futuro contra los entusiastas del progreso: unos temen las manipulaciones de libreros y lectores; los otros creen firmemente de que con ayuda de la IA se podrá en un futuro determinar y por lo tanto satisfacer mucho mejor sus necesidades. Como en todos los demás ámbitos, también en el sector del libro se intenta imitar el pensamiento y el trato humano con IA. Con ayuda de la IA se podrán resolver tareas complejas y sobre todo predecirse hábitos con más precisión: los hábitos de compra de los lectores. En primer lugar se trata de la venta de libros ya impresos, para los cuales se pueden determinar compradores potenciales con una alta precisión con ayuda de algoritmos. Quien use páginas como Amazon, ya lo conoce: si efectúas una compra, en cada visita subsecuente al sitio te ofrecen libros con un contenido similar. Aparte de eso, los boletines o los servicios de Messenger también pueden reaccionar con exactitud a las necesidades del cliente. Para compañías como Amazon, Google y Facebook, todos sus clientes son enormes pilas de datos: transparentes y abiertas a toda influencia posible.

Sin embargo, esos procederes ya no son nada nuevo, y para vender u ofrecer libros de esa manera no se necesita una inteligencia artificial, sino tan solo procesos algorítmicos ya probados. Las visiones de la utilidad de la inteligencia artificial van un paso más allá. ¿Qué libros —se preguntan las editoriales de todo el mundo— debemos publicar el año que entra o el que le sigue? Por supuesto, el ámbito literario queda fuera, pues ahí los lectores siguen a sus autores preferidos. Les emocionan los libros nuevos de sus escritores favoritos, porque les gusta su estilo casi independientemente del tema sobre el que escriban.

Sin embargo, debajo de la cima literaria yace el amplio y gris reino de las novelas de género, las históricas y las policiacas, los libros especializados y la autoayuda. Ahí, desde hace algunos años se intentan predecir lo más rápida y certeramente posible las tendencias de los siguientes años. Al hacer búsquedas de metadatos, las palabras clave pueden dar pistas de lo que se busca seguido en la red, qué cambios ha habido, cuántos millones de personas se mueven en ciertas páginas. Las conclusiones resultantes les permiten a las editoriales encontrar autores idóneos para temas determinados y hacerles encargos. Todas esas cosas siguen en pañales, y no se habla muy abiertamente al respecto en el ramo, pues eso contradice el ideal de que la elección depende únicamente de la idea original de un libro.

Los libros los escriben las personas

Aunque sea seguro que en los años venideros no debamos esperar ninguna revolución y los pesimistas de la cultura aún no deban temer que la IA vaya a marcar o incluso a tomar el mando de la producción de libros, los estudios serios concluyen que la influencia de la IA va a aumentar en los años siguientes. Ya en 2019, la Feria del Libro de Fráncfort y Gold Finch publicaron un White Paper basado en una encuesta de 233 participantes de la industria editorial provenientes de 17 países. Una amplia mayoría de los encuestados daba por sentado que la importancia de la IA seguirá aumentando en el mundo editorial. El 25% de las editoriales encuestadas ya invirtieron en IA. De cualquier manera, no esperan grandes saltos: hasta ahora nadie debería precipitarse a hacer grandes inversiones, pues no es nada seguro que al final vaya a haber un aumento real en las ganancias. Holger Volland, vicepresidente de la Feria del Libro de Fráncfort, está convencido de que las editoriales esperan sobre todo aumentos en la eficiencia de la IA, pero también oportunidades en nuevos ámbitos de negocios; sin embargo, invita a reflexionar: "En cualquier caso, será un desafío integrar las nuevas tecnologías de tal manera que se tomen en cuenta las particularidades culturales del mercado editorial".

La particularidad de ese mercado, desgraciadamente, es la creatividad humana. En la reunión de accionistas de una editorial que cotiza en la bolsa, uno de ellos preguntó por qué no tenían en oferta "algo como Harry Potter", pues así se gana dinero. Sin embargo, a ninguna IA en el mundo se le va a ocurrir la idea de mandar a un niño a un internado mágico y hacerlo librar ahí una lucha entre el bien y el mal poniendo su vida en riesgo. Al día de hoy, la máquina solo puede reconocer lo que ya está aquí o lo que hay en el aire. Puede determinar tendencias o colores preferidos para camisas de libros. Pero los libros los escriben las personas para las personas.

Lujoso y costoso

Probablemente, en un par de años se haya progresado suficiente para que la IA no reemplace el trabajo de los revisores, sino que lo apoye. Con ayuda de IA, en teoría es posible escanear grandes cantidades de texto en poco tiempo y comprobar si el manuscrito pertenece en principio a la línea editorial. Un nuevo software, LiSA (Cribado y Análisis Literario, por sus siglas en alemán), de la empresa de Hamburgo QualiFiction, ofrece el análisis de manuscritos literarios a partir de su tema, sentimiento y estilo, e incluso determina si los textos son entretenidos o secos, complejos o sencillos. Es de suponer que softwares como el de QualiFiction, que fue elegida start up del año en 2019 por la Asociación Bursátil del Comercio Librero Alemán, se establezcan tarde o temprano en la industria editorial. En Estados Unidos ya se utilizan programas para juzgar manuscritos, como declaró el revisor independiente Walter Greulich ante el congreso future!publish de 2019. Sin embargo, la condición básica de la aplicación de IA en la industria editorial es la disponibilidad de los datos. Se trata de un proceso increíblemente caro y lujoso filtrar la información relevante a partir de los muchos sistemas heterogéneos (reseñas, cifras de suscripción, rescisiones, recomendaciones de Amazon, etc). Para las editoriales pequeñas, no es un gasto factible.

De todos modos, en los últimos años se ha podido modernizar, e incluso revolucionar, el Catálogo de Todos los Libros Disponibles (vlb, por sus siglas en alemán), en el cual están registrados 2.5 millones de títulos, gracias a la IA. También ahí, por cierto, estuvo al principio el trabajo de colaboradores del ramo editorial que alimentaron y probaron el sistema durante su aprendizaje. En el proceso, se introdujo un nuevo rubro de clasificación, los llamados "motivos de lectura". Además de los grupos de productos y la clasificación por temas, se abren nuevas posibilidades para publicitar libros que apunten a necesidades lectoras inconscientes como "emoción", "ganas de reír" o de "sorprenderse". Con esa nueva herramienta, los libreros podrán en un futuro encontrar libros mejores y más adecuados para sus clientes.

Las posibilidades de aplicación de la IA son múltiples; muchas cosas siguen en pañales, algunas cosas resultarán factibles; muchas otras, demasiado costosas para un ramo con muchos participantes pequeños y medianos. Los algoritmos pueden apoyar el trabajo en las editoriales y las librerías, pero no volverán superflua a la gente. El éxito de un libro depende de tantos factores difícilmente calculables que una producción de "éxitos seguros", como quieren soñar algunos, seguirá siendo ciencia ficción.

Top