Descolonización del idioma
“Estoy cansada de ser la otra”

Calle Anton Wilhelm Amo en Berlín
La descolonización de la lengua no es algo natural para muchos. Después de años de protestas, los responsables del distrito de Berlín-Mitte reaccionaron y la Calle de los M* pasó a llamarse Calle Anton Wilhelm Amo. | Foto (detalle): Saliva Glance © Este archivo está licenciado bajo la Attribution-Share Alike 2.0 Generic License.

Todavía existen términos en el lenguaje que provienen de estructuras racistas, coloniales y discriminatorias profundamente arraigadas en nuestra sociedad. ¿Cómo pueden hacerse de una voz las minorías vulnerables? El periodista y escritor Mohamed Amjahid aborda la descolonización de la lengua alemana desde una perspectiva cotidiana.

De Mohamed Amjahid

El lenguaje es generalmente un instrumento poderoso, refleja y, al mismo tiempo, da forma a las realidades en las que vivimos. Racismo, patriarcado, capitalismo: todo esto y más se puede encontrar en el lenguaje que todos usamos todos los días. Hace casi cinco años describí en mi primer libro Unter Weißen. Was es heißt, privilegiert zu sein (Entre blancos. Lo que significa ser privilegiado) el impacto del lenguaje racista. Ciertamente no soy el primer autor que ha destacado este aspecto deprimente y opresivo del lenguaje. Generaciones de comunidades afectadas por la misantropía se han resistido a las microagresiones y a la construcción estructural de la otredad, profundamente arraigadas en el alemán y en otros idiomas y que han crecido históricamente.
 
Desde entonces, han pasado muchas cosas en términos de descolonización del lenguaje. Sin embargo, siempre se puede confiar en una determinada cosa en el mundo de habla alemana. Me gustaría ilustrar estos dos aspectos del debate en tres puntos.

La calle Anton Wilhelm Amo

Durante varios años, todos los veranos se realizó el festival de la “Möhrenstraße” en Berlín-Mitte. Los niños pintaban en el asfalto con gises de colores, grupos de música tocaban canciones de Ghana y Togo, y activistas no blancos explicaban en un escenario por qué este evento no era divertido, a pesar de todo. En el verano de hace más de cinco años, estuve allí como espectador. Una poeta negra dijo en el escenario: “Estoy cansado de ser la otra.” Se encontraba junto al letrero de la calle y frente a la entrada de la estación del metro, en las que estaba estampado en letras de gran tamaño el nombre de este lugar: M * straße. (Calle de los M*).

Este nombre de la calle, entretanto, ya es historia. Los tiempos en que activistas pintaban diéresis en los letreros de la estación de metro correspondiente para convertir el nombre racista de la calle “Mohrenstraße” (Calle de los Moros) en “Möhrenstraße” (Calle de las Zanahorias) han terminado, al menos en Berlín-Mitte. Debido a algunos escollos burocráticos, todavía no se sabe cuándo se reemplazarán finalmente los letreros de la calle y de la estación del metro. Políticamente, sin embargo, esto ya quedó claro desde hace varios meses: ambas pronto llevarán el nombre del teórico del derecho y filósofo negro Anton Wilhelm Amo.

¿No es eso un motivo para celebrar? Soy escéptico al respecto. Fue necesario el linchamiento de George Floyd en Estados Unidos y el aumento de la atención –que fue sólo una breve ventana de oportunidad– que esto provocó por el movimiento Black Lives Matter para que la mayoría de los tomadores de decisiones, casi todos blancos, en el distrito responsable de Mitte en Berlín reaccionaran después de años de protestas. La descolonización de la lengua no es algo natural para muchos.

“La mejor instancia”

A principios de 2021, cinco personas blancas asistieron a un talkshow del canal de televisión pública WDR, titulado La última instancia, e insistieron en que se siguiera usando la palabra Z* (“Zigeuner”, que en alemán significa “gitano”) para designar a los pueblos sinti y roma y en que el lenguaje racista en general es una parte de la identidad alemana de la que no se quiere prescindir. Entre los defensores patrióticos de la lengua alemana estaba Thomas Gottschalk. Sí, todo el evento fue un poco absurdo.
 
Frente a la pantalla del televisor en su casa estaba la actriz, influencer y comediante Enissa Amani. Estaba tan furiosa que poco tiempo después sonó mi teléfono. A las pocas horas, Amani había logrado reunir a varios autores antirracistas –es decir, expertos en el tema de la descolonización del lenguaje y, por tanto, la antítesis de Thomas Gottschalk– e hizo su propia emisión: La mejor instancia.
 
Cuando sonó mi teléfono, estaba en la calle en Berlín y vestía una sudadera de capucha de color vino, bastante informal, y me subí espontáneamente al último tren a Fráncfort del Meno, donde se iba a grabar la emisión de Enissa Amani. A la mañana siguiente me senté frente a la cámara, underdressed con mi sudadera de capucha, y juntos discutimos cómo el lenguaje racista amenaza las vidas de las minorías vulnerables.

“El lenguaje racista es sólo el primer paso y la perpetuación de una mortal construcción de la otredad de las minorías vulnerables. Así que es una estrategia de supervivencia hablar de esta visión colonial cimentada lingüísticamente.”

El autor Gianni Jovanovic describió cómo los nacionalsocialistas tatuaron a sintis y romas con la palabra Z* y luego los enviaron a los campos de concentración para asesinarlos. Y este es exactamente el punto álgido del caso cuando se habla de lenguaje racista-colonial: no es que las minorías afectadas quieran pasear sin que se les lastime por la ciudad y por los pasillos del supermercado – para buscar esa salsa picante de sabor muy cuestionable, que Thomas Gottschalk quiere llamar por fuerza salsa Z*– o que quieran leer las redes sociales. El lenguaje racista es sólo el primer paso y la perpetuación de una mortal construcción de la otredad de las minorías vulnerables. Así que es una estrategia de supervivencia hablar de esta visión colonial cimentada lingüísticamente.
 
Mientras que algunos de los invitados blancos de este programa bastante embarazoso de
La última instancia se disculparon, apenados, y el WDR experimentó un desastre de relaciones públicas, cientos de miles de personas en Alemania vieron La mejor instancia, de Enissa Amani, quien recibió el Premio Grimme Online por su programa y su compromiso. Tan lejos hemos llegado ya: las personas afectadas por el racismo realizan una labor educativa y reciben premios por ello. Sí, algo ha cambiado ya en los últimos años.

La buena vieja Alemania 

Pero, después de todo, no ha cambiado mucho, me digo a menudo. No importa en qué día enciendas el televisor, están transmitiendo una especie de “última instancia”. Abres la aplicación de Twitter o Instagram y los términos racistas son tendencia en los hashtags más populares. En los puestos de periódicos se alinean las portadas de las publicaciones que predicen la supuesta desaparición de Occidente. Las mesas redondas incluyen a autores de derecha, autores conservadores de derecha y autores extremistas de derecha, cuya pericia consiste en insultar a las minorías de una manera racista o antisemita. Y cuando se logra cambiar el nombre de los lugares que siguen glorificando el colonialismo, se produce algo más que una reacción discursiva. Hace poco investigué para un reportaje sobre Berlin-Wedding. Allí, los activistas me contaron cómo se les agrede verbal y físicamente porque están luchando por la descolonización de la lengua alemana y del espacio público. 

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